Entrevista aparecida en www.dossier político.com y en el diario
Por Magdalena Frías J. / Diario de Yucatán
Dia de publicación: 2008-06-27
La literatura es un circo, es Lady Godiva corriendo en caballo con su amante, es el avión que como campana del cielo pasa en el momento más milagroso para clausurar y ponerle un moño amarillo a eso que finalmente libera la cerotonina, nos hace químicamente más felices. La literatura y los escritores son un circo, y apestan, porque se desgajan mientras escriben, y cada vez más carcomidos se van enamorando de la muerte.
En este caso tengo enfrente a Iván Ballesteros, hermosillense (1979) y un poco monstruo. Estamos sentados frente a un ventanal, al fondo una mesera va y viene con papeles en la mano. Es un lugar intermedio, los reflejos en el vidrio nos hacen doblemente fantasmas. Accidentalmente sentados en un tiempo que se estanca. En el bar del Sanborn’s, para amenizar la noche, un hombre de pantalón gris canturrea canciones de Marco Antonio Solís: “Esa pared, que no me deja verte, debe caer…”.
Y nosotros nos inquietamos en la silla, esperamos que sí, se caiga.
Monstruario (2007) es tu primer libro publicado. Cuando se termina de leer queda la sensación como de saltos en lo narrativo, lenguaje oral, cuentos más cortos, extractos de nota roja.
Iván Ballesteros: Los primeros son del 2005, los otros de 2006 y parte de 2007. En todos hay una búsqueda ligera, sobre todo de lectores-personajes.
¿Tú crees que se puede recurrir al cliché para atraer al lector?IB: Sí
Y ¿cómo se renueva el lugar común?IB: La última parte del libro es como barrial, apuesta por una oralidad, el lenguaje es de arrabal, las imágenes son de arrabal. El estracto de las cosas es el pueblo. Es cliché decir que no es cliché.
¿Cuáles son tus gustos literarios?IB: Narrativa, relato breve -que es conciso y apuesta más por el ambiente que por la descripción o motivos psicológicos de los personajes, es directo.
Eliseo Alberto mencionó que alguien le recomendó colocar en la narrativa a sus personajes dentro de los sentidos y no de los sentimientos…IB: Sí, que sea como el narrador o personaje narrador, así funcionan los relatos breves; se instalan inmediatamente en el lector, que sea el lector el que está viviendo esa historia. Ahora estoy informándome sobre aspectos de cómo funciona un mundo distinto, un texto fantasioso; a lo mejor por ahí lo que venga será algo como tomar de la realidad los elementos oscuros y violentos que pertenecen al vacío para mezclarlos con un elemento fantástico, algo que rompa la cotidianidad. No digo que voy a escribir como García Márquez. Algo así como ataques extraños de la naturaleza.
Un tornado viene y ¡pum!
IB: Pues un tornado que te patee, que sea de piernas de futbolistas que estén dando vueltas y te peguen una patada.
Lo ácido, el humor.
IB: El humor negro es el más exquisito. El trivial en literatura –un chiste, un chistorete– no se agradece.
¿Cómo fue tu salto de poesía a narrativa y cómo se relacionan entre ellas?IB: Todavía escribo poesía, no lo voy a dejar de intentar. La poesía es dinamita, es una exploración profundísima, un experimento en vida, en el lenguaje. Hace poco leí una frase: “Dónde vamos a enterrar a todos los muertos de la historia sino en el lenguaje”.
Heidegger y el lenguaje es la casa del serIB: Exactamente, el lenguaje es como un utensilio que se incrusta en una forma, la poesía es algo más fantasma, el agente secreto del lenguaje, la sustancia. El poeta importa poco. El escritor y narrador importan poquísimo, porque a fin de cuentas el mundo narrativo que construyen es lo que un lector agradece. Un escritor es como cualquier persona. Digamos literatura como sentido, escribir para no desaparecer, para no morir.
¿Una búsqueda por la trascendencia?IB: El que escribe lo hace para sobrevivir. Ahí te las avientas como se la avienta un vendedor de seguros. La literatura sirve para vivir. Este hálito místico y grandielocuente que tienen los escritores yo no me lo creo. Los escritores escriben y desaparecen, no tiene por qué estar ahí.
¿Cómo le hace un escritor para mantenerse viviendo de la literatura, sin hacer un ramake, cómo se olvida?IB: Son temperamentos. Hay gente a la que le gustan los reflectores, les encantan los reflectores y los reflectores encandilan. Entonces, el perfil bajo, a escribir y hacer lo que tienes que hacer. Aparte uno escribe lo que puede. Hay gente que quiere hacer lo que no puede y su literatura se cae, y eso se nota.
¿Cómo se vive, pues?IB: Haciendo reseñas por ahí, entrevistas. Trabajando en otra cosa que no tiene nada que ver con la literatura, pero sigues escribiendo. Hay un dato abismal: el libro que más se ha vendido en los últimos años en México es de Juan Villoro, ¿sabes cuántos se han vendido? Mil. Es rídiculo. Las editoriales venden otra cosa.
En tus exploraciones narrativas, ¿qué tipo de literatura está en tu librero y a qué géneros les dedicas más palabras?IB: Me gusta la literatura metaficcional, que no esté concentrada en el personaje de vida de un ser, sino que te cuenta la vida. La crónica me gusta, pero también siempre meto un agente ficcional, para que se convierta más bien en un híbrido. Eso es lo que me gusta. A todos los textos, como escritor, les tengo que dar un tinte literario, no soy periodista, ni cronista. Trato de ser un escritor de narrativa.
¿Cómo concibes el compromiso del autor con la literatura?IB: Mira, ahorita, estoy leyendo relato breve. Ese tipo de textos. Ya sabes como está la vida, globalizada, estresada, súbita. Las personas que se preocupan por hacer literatura breve, se preocupan por hacer lectores. Yo apuesto por la lectura, todo mundo debería tener ese hábito, que se espanda. A mí me gusta hacer una suma, entre cuento, relato y a veces hasta prosa poética, que considero es congruente con el tiempo en que estamos, que todo es súbito. Mezclar las formas, como un licuado de mango con plátano. Hay muchas formas de mezclar, utilizando datos certeros y rastreables con datos ficcionales.
¿Qué sería lo simbólico en tu narrativa?IB: Lo que tiene una carga poética, algo que resuma, recogerlo en una frase. La poesía es un buen resumen.
Y qué hay de perderte en la creación de imagenIB: Por eso dejé la poesía, me perdía en la búsqueda de imégenes, era muy lírico, soy muy lírico. Con la narrativa me pasa lo contrario, uso la nota roja y elementos de un cuento policiaco. Me gustan las bicicletas, los barcos, los trenes. Me gusta mucho el viaje. Todo lo que se desplaza -lo volátil- para mí es poético; y lo publicitario, lo diario, lo cotidiano, hace que haya mensajes, que el elemento mundano se mezcle con algo que a lo mejor es una extravagancia.
¿Qué piensas de la concepción del poema como la añoranza por el origen, la palabra que te permite desentrañar y palpar una realidad que se revela?IB: Sería lindo que fueran así las cosas. La verdad no sé. Se me hace un rollo muy divino Mira, la poesía actual -no sé si estás de acuerdo-, pero no hay, está seca. Y claro hay gente que escribe libros de poemas y gana premios. Pero una poesía que cargue al lenguaje y al humano, esa poesía que hace voltear un poco al origen, como tú dices, es muy díficil de encontrar. Claro que ha de haber poetas enormes, pero la poesía no se está vendiendo, no se está publicando poesía. O la que se publica es muy mala. Le falta una introspección en el ser, no sé si para tratar de ver el origen, el futuro o lo que sea; que el lenguaje trasmita una señal que venga de un ser humano, de alguien que está vivo y siente, no una estructura mental como la actual poesía, que indaga en el lenguaje, las estructuras, filosofías.
Y si lo súbito, como lo llamas, provoca la creación de una poesía de “cocina”, por la atracción del elemento cotidiano, decir “me estoy comiendo un gansito”…IB: Precisamente por eso no se publica, porque novelas y cuentos ganan terreno. Actualmente hay una variedad inmensa de escritores de narrativa de muy buena calidad, que esos sí se publican. Los lectores quieren leer historias, como ir al cine y al teatro, tener acceso como a todo. Leen a Murakami, que lo retrata de una manera extravagante y se enamoran. En Roberto Bolaño hay un reflejo del personaje diario que somos todos, con preocupaciones y lapsos de dicha aventurera.
¿Consideras que la poesía que has escrito es poesía?IB: Algunas veces lo siento así. Por todas partes llueve.
¿Qué tanto tallereas tus textos?IB: Mucho, cuando considero que un texto va para un libro siempre está puliéndose, puliéndose, es a lo que realmente le dedicas todo lo que has asimiliado. Creo que lo que te queda tienen que ser piezas totalmente distintas de tu faceta como alguien que se está ganando la vida. Por ejemplo, como hacer reseñas o crónicas para periódico. No tiene que ver con nada, ni siquiera con la literatura. Cuando pienso un cuento llega como un resumen de todo lo que he dicho, y una frase resume cómo se está haciendo algo o qué hace alguien en particular. En eso me ha ayudado la poesía. para dar esa salida, todo lo que he llevado tiene algo oscuro. Tengo una imaginación perversa, pero humana, y ahí es donde entra la poesía.
¿Ese rastro humano podría emparentarse con la tristeza, hablar de una literatura triste?IB: La literatura, no; el sentimiento humano profundo yo no sé si es triste pero no es alegre. Hay una mezcla de las dos y es donde entra la palabra “saudade”, no te estás carcajeando porque es analítico, es como cuando un poema te hace reflexionar.
¿Qué piensas de la poesía que te hace reír hasta llorar pero es efímera, no sientes su rastro?IB: Es mala literatura, si leo todo Condorito me río.
¿Cuál es un personaje de cuento?IB: Personaje anónimo, solitario, gris, como lo era Kafka. Ahora los personajes ya no se angustian en el vacío, lo habitan nada más.
¿Qué tanto te pasa la vida como en un hilo, qué tanto te vuelves un contemplativo y “saudadoso”?IB: Antes me acompañaba siempre la saudade, a eso ayudó mucho la lectura de Pessoa, y algunos otros. Por ahí alguien admite que toda la literatura que apueste por ser universal tiende a ser triste. Pero la melancolía, la “saudade”, me acompañaba bastante, todos mis intentos eran predeciblemente nostálgicos. Pero ahora no, soy un pillo.
¿Qué tanto se refugia eso en el humor negro, o se metamorfosea?IB: Con el tiempo te vas riendo más de ti mismo, eso es fundamental.
¿La literatura es para reírse de uno mismo?Sí. (Risas, demasiadas risas).
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1
La gente viste de verano. Yo mismo voy con shorts y chancletas. El sol revienta en Playa Lobos. De los libros que me regalaste sólo queda Antología funeraria. Debo reconocer que eres bastante oscura. En especial el último título me resulta, como decirte, desolador.
2
La casa que rento tiene un ventanal que da a la playa. Mientras leo tus afligidas recomendaciones literarias repaso las historias posando la mirada en el mar. Te confieso que nunca me pareció tan apenado su sonido. Es más, en otros tiempos su arrullo terminaba por sosegarme. Luego el ritmo lento con el que empujan las olas matinales. Se me figura que el agua ha sido tocada por una electricidad pasmosa y arbitraria. Llevo ya dos semanas y ninguna noticia de aquello.
3
Escribí en la arena: el mar me borra.
4
Ya mes y medio y nada. Hoy ni siquiera me asomé a la playa. Por fin terminé tus novelas mortuorias. Vi Cassandra Dreams. Dormí hondas 15 horas.
5
No pasó nada. Ya ves. Algunos no tenemos remedio. La semana pasada caminaba con Minelita por la playa. Me han visitado de fin y no sabes lo bien que me ha caído. Fede me trajo a regalar una novela encantadora: La última escala del Tram Steamer. ¿La conoces? Bueno, dista mucho de tus gustos. Pero sabes, si querías que todo se me revistiera de nostalgia y muerte por estos días La última escala hubiera estado perfecta. Algo así buscaba. A eso me refería con novelas que te hicieran levantar la cabeza y dar una profunda bocanada de vacío.
He dejado todo dispuesto en la mesita de noche. Nos vemos en otro lugar.
La gente viste de verano. Yo mismo voy con shorts y chancletas. El sol revienta en Playa Lobos. De los libros que me regalaste sólo queda Antología funeraria. Debo reconocer que eres bastante oscura. En especial el último título me resulta, como decirte, desolador.
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La casa que rento tiene un ventanal que da a la playa. Mientras leo tus afligidas recomendaciones literarias repaso las historias posando la mirada en el mar. Te confieso que nunca me pareció tan apenado su sonido. Es más, en otros tiempos su arrullo terminaba por sosegarme. Luego el ritmo lento con el que empujan las olas matinales. Se me figura que el agua ha sido tocada por una electricidad pasmosa y arbitraria. Llevo ya dos semanas y ninguna noticia de aquello.
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Escribí en la arena: el mar me borra.
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Ya mes y medio y nada. Hoy ni siquiera me asomé a la playa. Por fin terminé tus novelas mortuorias. Vi Cassandra Dreams. Dormí hondas 15 horas.
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No pasó nada. Ya ves. Algunos no tenemos remedio. La semana pasada caminaba con Minelita por la playa. Me han visitado de fin y no sabes lo bien que me ha caído. Fede me trajo a regalar una novela encantadora: La última escala del Tram Steamer. ¿La conoces? Bueno, dista mucho de tus gustos. Pero sabes, si querías que todo se me revistiera de nostalgia y muerte por estos días La última escala hubiera estado perfecta. Algo así buscaba. A eso me refería con novelas que te hicieran levantar la cabeza y dar una profunda bocanada de vacío.
He dejado todo dispuesto en la mesita de noche. Nos vemos en otro lugar.
Risa en la oscuridad.
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Ocio de lunes y hambre
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Gran sorpresa en las tiendas de un Chino. Isla de remate con libros de la editorial Mondadori. Daniel Chavarría (1933), un ciudadano Uruguayo, un escritor cubano que me trae (aun) persiguiendo la bicicleta de Alicia.
Adiós muchachos (Barcelona, 2004. Ganadora del Edgar Allan Poe) una de las 10 novelas que compré en el market del chino en lugar de comestibles.
Por las tardes el cuarto de Turkoglov es cálido. Las ventanas son grandes y dan a un pequeño balcón. Hoy me senté en ese balcón desde las 5:00. La luz caía luminosa en las hojas de Adiós muchachos. Para las siete de la tarde, la luz más delgada aun conservaba una luminosidad reveladora, terminé la novelita sintiéndome animoso, vital.
Después vi la película Death at a funeral (Frank Oz, Reino Unido, 2003). Cuando me carcajeo siento que estoy al revés. Es difícil de explicar. Abro tanto la boca y mis risotadas son tan fuertes que desbordado (invertido con respecto a la naturalidad simple de sonreír, lamentarse o estar inmutable) mi contracción en el vientre se me figura un evento de transformación. Como si la fiesta que soy a veces saliera de su casa escondida y con toda desfachatez anunciara su pachanga escandalosa. Bueno, el filme es una hilarante comedia negra que me puso al revés casi la hora treinta minutos que dura.
Una novela estimulante fumada en una tarde cálida y una película divertidísima no quitan el hambre. Turkoglov me recrimina y pide le explique cómo fue que no compré un solo comestible.
Historia triste
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A los hígados Steve y Estela les encanta asimilar alcohol (esa ardua, dura tarea) juntos. Sus cuerpos les llevan, con el pretexto más insignificante, a restaurantes y lugares apartados. Steve y Estela, dos de los mejores hígados que ha conocido el narrador.
El cuerpo que aloja a Steve es flácido y torpe. Steve sabe que no durará mucho. En cambio Stela es un hígado nuevo. Digiere alcohol como ningún otro, piensa Steve. El cuerpo que aloja a Estela es ágil, pequeño y propenso a la juventud.
Los cuerpos de los hígados no importan. Basta decir: a veces se rosan los hombros. Se miran. Se saben propensos a ellos mismos. Las noches que se ven no alcanzan para que Steve y Estela queden mínimamente satisfechos.
Steve y Estela, mientras digieren alcohol, planean un plan maestro que los libere de aquellos cuerpos tan fofos y proclives a desaparecer.
Los hígados compañeros, en la próxima cita, saltarán, así lo han planeado, de sus respectivos costados y cuando lleguen al piso. Ay, cuando lleguen al piso.
El cuerpo que aloja a Steve es flácido y torpe. Steve sabe que no durará mucho. En cambio Stela es un hígado nuevo. Digiere alcohol como ningún otro, piensa Steve. El cuerpo que aloja a Estela es ágil, pequeño y propenso a la juventud.
Los cuerpos de los hígados no importan. Basta decir: a veces se rosan los hombros. Se miran. Se saben propensos a ellos mismos. Las noches que se ven no alcanzan para que Steve y Estela queden mínimamente satisfechos.
Steve y Estela, mientras digieren alcohol, planean un plan maestro que los libere de aquellos cuerpos tan fofos y proclives a desaparecer.
Los hígados compañeros, en la próxima cita, saltarán, así lo han planeado, de sus respectivos costados y cuando lleguen al piso. Ay, cuando lleguen al piso.
Lila Downs: up
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Gilda y Vene
Después del incidente con Turcoglov, o valdrá decir mi payasada, las Siestas del Pistic han resultado medicinales. La broma solitaria que soy en ocasiones se reúne con otras bromas expectantes.
Los habitantes de esta ciudad, tan acostumbrados al silencio y la apatía, salen a la calle y se emborrachan dando largas caminatas por la alameda y el “centro histórico”. Lo bonito: esto sucede frente a policías y autoridades que se hacen de la vista gorda.
Debo decir que han sido las mejores Siestas que he presenciado. Sobre todo Lila Downs. Su voz en vivo me resultó impactante. No creía que un ser humano estuviera dotado con semejantes cuerdas vocales, pulmones y estómago (corazón). La voz de Lila es un conducto hacia un lugar menos torpe. Un llamado de la naturaleza, el silbido lejano de un tren, de una sirena con complejo de Adelita.
Sus agudos alcanzan las fibras de los escuchas que, incrédulos, miran el rostro de la muchedumbre y reconocen en ellos un solo rostro: el de la sorpresa.
Lila baila simulando una iguana mística. Lila canta como lo hace el agua, la selva profunda, el bosque, el viento, la arena. Canta como si volara un pájaro. Como si un pez saltara en medio de la inmensidad. Luego cuando interpreta esas canciones del colectivo enfermo de melancolía (Naila, paloma negra, por nombrar dos). De amores rotos y enmendados. De borracheras tempestuosas que no terminan. Lila levanta la voz, la plaza entera.
Fiesta de mareo
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La combinación: cerveza, estruendo, gente que se multiplica como un caldo turbio, siempre cayó mal a Ramiro. La parafernalia de heces enormes, bebidas locas y bailongos populachos resultan un coctel atroz que termina por revolverle el estómago. De pequeño subía a viejos juegos mecánicos imaginando que se trataban de naves intergalácticas que lo mareaban durante semanas. Los juegos de hoy, más sofisticados, deben resultar menos vomitivos, pensaba Ramiro. Serían siete las veces que Ramiro, acompañado de sus padres, amigos o vecinos (nunca con alguna novia), había asistido a lo que él ahora consideraba un láxate colectivo, una pachanga para sombrerudos cocainómanos, un festín de pleitos y anonimato.
El hijo de Ramiro, Arturito, había pedido a su padre que lo llevara a la Expo Ganadera con motivo de celebrar su cumpleaños número ocho. Cuando el niño le pedía con tanto fervor su deseo Ramiro repasó anécdotas de antiguas ediciones del festejo. Una de ellas la de el hombre que mató, de un sólo golpe, a otro que de entre la muchedumbre apretó las partes nobles de su novia (senos). Pensó en las historias que se maquilan regularmente entorno a la Expo: adolecentes violadas en medio del gentío o en rincones lóbregos del rededor. Niños (as) que jamás bajaron del barco vikingo o que desaparecieron entre la costra de polvo que levantan los bailadores. Autos desvalijados en estacionamientos dudosos.
Para muchos resulta divertido observar la mirada perdida de las vacas. El contoneo coqueto de su colita. No para Ramiro.
Esta noche estarán Los tigres del norte, le refiere Panchita, su esposa. A mi qué me importan los tigres, dice para sus adentros Ramiro y se le viene la imagen de un baldío enorme donde modelos patrocinadas por cervecerías lucen minifaldas pequeñísimas, anfitrionas perfectas del simulado paraíso norteño.
Un palenque lleno de narcos. Pésimas obras de teatro, artistas veteranos, estiércol, malandros que se estrellan con saña en tu hombro, la mujer tarántula, el tiro al blanco, churros.
Son aproximadamente dos mil pesos entre cena, bebidas, chucherías y taxi, calcula Ramiro. Pero es el cumpleaños del nene. Qué importan los mareos y el dinero de un mes de trabajo. El nene sale bien en la escuela y es obediente como pocos. El nene se lo merece. Además, resulta más caro organizar una fiesta: la piñata, el pastel, los dulces. Eso sí, nada de tigres o polo polo o chenchito el muñeco. Ramiro se niega a entrar al palenque argumentando que es muy caro. Panchita, fanática de Los tigres del norte, asiente.
Resulta sorprendente para Ramiro la luminosidad de los juegos mecánicos. Parecen naves intergalácticas, especula. Sube con su hijo al cohete, al remolino, a las sillas voladoras. Se estrella de bruces con un cholo, bebe un vaso gigante con tequila y cerveza. Arturito dispara en el tiro al blanco y resulta ganador de un enorme oso que lo pone como loco de contento.
El hijo de Ramiro, Arturito, había pedido a su padre que lo llevara a la Expo Ganadera con motivo de celebrar su cumpleaños número ocho. Cuando el niño le pedía con tanto fervor su deseo Ramiro repasó anécdotas de antiguas ediciones del festejo. Una de ellas la de el hombre que mató, de un sólo golpe, a otro que de entre la muchedumbre apretó las partes nobles de su novia (senos). Pensó en las historias que se maquilan regularmente entorno a la Expo: adolecentes violadas en medio del gentío o en rincones lóbregos del rededor. Niños (as) que jamás bajaron del barco vikingo o que desaparecieron entre la costra de polvo que levantan los bailadores. Autos desvalijados en estacionamientos dudosos.
Para muchos resulta divertido observar la mirada perdida de las vacas. El contoneo coqueto de su colita. No para Ramiro.
Esta noche estarán Los tigres del norte, le refiere Panchita, su esposa. A mi qué me importan los tigres, dice para sus adentros Ramiro y se le viene la imagen de un baldío enorme donde modelos patrocinadas por cervecerías lucen minifaldas pequeñísimas, anfitrionas perfectas del simulado paraíso norteño.
Un palenque lleno de narcos. Pésimas obras de teatro, artistas veteranos, estiércol, malandros que se estrellan con saña en tu hombro, la mujer tarántula, el tiro al blanco, churros.
Son aproximadamente dos mil pesos entre cena, bebidas, chucherías y taxi, calcula Ramiro. Pero es el cumpleaños del nene. Qué importan los mareos y el dinero de un mes de trabajo. El nene sale bien en la escuela y es obediente como pocos. El nene se lo merece. Además, resulta más caro organizar una fiesta: la piñata, el pastel, los dulces. Eso sí, nada de tigres o polo polo o chenchito el muñeco. Ramiro se niega a entrar al palenque argumentando que es muy caro. Panchita, fanática de Los tigres del norte, asiente.
Resulta sorprendente para Ramiro la luminosidad de los juegos mecánicos. Parecen naves intergalácticas, especula. Sube con su hijo al cohete, al remolino, a las sillas voladoras. Se estrella de bruces con un cholo, bebe un vaso gigante con tequila y cerveza. Arturito dispara en el tiro al blanco y resulta ganador de un enorme oso que lo pone como loco de contento.
Cuando hacen fila para subir a la atracción más importante, la montaña rusa, Panchita nota que Arturito se siente mal. Ramiro, que se divertía como enano, se lamenta del estado deplorable de su hijo y se dispone a salir del lugar.
Ya en el taxi Ramiro nota el mismo mareo que lo había atacado en años anteriores pero ahora reflejado en el rostro de Arturito, que de la nada comienza a vomitar sobre su gran oso. El flujo del líquido es tal que alarma a su madre. Mientras atiende a su hijo Panchita piensa en la mano extraña que le apretó una nalga cuando esperaba, comiéndose una nube de azúcar, que su familia bajara de aquel aparato intergaláctico.
Ya en el taxi Ramiro nota el mismo mareo que lo había atacado en años anteriores pero ahora reflejado en el rostro de Arturito, que de la nada comienza a vomitar sobre su gran oso. El flujo del líquido es tal que alarma a su madre. Mientras atiende a su hijo Panchita piensa en la mano extraña que le apretó una nalga cuando esperaba, comiéndose una nube de azúcar, que su familia bajara de aquel aparato intergaláctico.
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Estaría muy bien que se hicieran de esta revista. Que no los engañe la portada, que por lo demás, es elegante. El contenido está muy bueno. Los adoradores del Nobel mexicano puede que se sientan ofendidos por desentrañar las ideas del gran poeta y hacer un ajuste preciso. Lugo el legado artístico y filosófico de la generación del 68. (por allí una reseña de mua sobre el último libro de Murakami y un infograma sobre nuestro querido Octavio). Son 10 años tempestuosos. Festejemos. No olviden una rompe vientos.
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Fui a San Nicolás, un lugar alucinante. El sitio está rodeado por dunas gigantescas que parecieran las caderas de una morenaza dormida (algunos verán los senos). Cuando se entra a San Nicolás se entra en otro mundo. Uno menos hostil donde morenazas enormes dejan recorrer su cuerpo desnudo o hacer sand boarding sobre la arena (siempre he creído que el número de granos de arena de todas las playas del mundo corresponde a la cifra correcta del infinito).
bámbola
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Con el mar de Cortez contenido en las pupilas para siempre. Bajo la luz de una luna casi llena me comunico con como los pájaros. Le digo: hola. No hay adeu. Guapa de corazón distendido. Hay comienzo. Renovación. Tiempos para recorrer el breve verano que es la vida. Le sugiero: pinta, con las aves que hagan falta, un horizonte de fuga que sirva para sobrellevar el diario, la dosis. Le recuerdo: la inercia, la gente que va y viene. Todos y todo parte de una misma referencia. Adelante, guerrera.
Como los pájaros se extraña desde hoy. A las mañanas se les siente un mecanismo de ausencia. Las noches desmanteladas sin como los pájaros. Pero el sol sale y se pone a sus horas y a sus horas desanda la sombra sus pasos.
Todo comienza. Vamos como los pájaros. Encontrando signos, recorriendo estaciones.
Sin lugar para los viejos (tiempos)
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Mi visita es ya una estancia. Las más de las horas estoy encerrado en el cuarto de Turkoglov simulando una lectura que no alcanzo a comprender. Mentira. Las más de las horas bebo whisky. Mentira. Bebo cerveza Tkt roja y fumo.
Ayer buscaba algún conocido con el cual pudiera hacer lo que más hago en el cuarto de Turkoglov o cualquier actividad, como ir al zoo. No encontré a nadie. Mentira. Nadie estaba disponible.
Si no fuera por V, que está por marcharse, diría que no hay lugar para mí en la ciudad. Pienso: soy viejo y mis actividades para compartir resultan aburridas. Soy una persona poco interesante o desagradable. No tengo amigos. No tengo imaginación. Todos están inmersos en un dinamismo secreto. Pero ¿quiénes son todos? Las dos o tres personas que me apetecía ver viven en otra ciudad o país. Y las otras dos o tres están fuera del aire o hacen cosas como: lijando el cooler, cuidando al nene, mirando los resúmenes deportivos.
Deambulo por las calles grandes de esta ciudad. Es confortable manejar los domingos, pienso, de regreso al cuarto de Turkoglov.
Familia atómica
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Mayo no termina por desenredarse la corbata cuando Julito ya está acusado a Che por haber visto el programa prohibido en Discovery Channel. ¿Cómo es posible Che? ¿Cuántas veces te he dicho que? Y tú Julito, te advertí que no me gustan los delatores. Los menores reciben una palmada. Che sabe que fue Julito el ganador de ese round.
Mayo regresa a casa a las siete de la tarde. Llega cansado. De lo primero que se queja es del metro. Le repugna lo atestado que va a esa hora y el olor que desprende el pueblo raso. Así les dice Mayo a los usuarios del transporte subterráneo.
Dona llega a casa con comestibles y ve a su marido recostado en la sala. Haré entomatadas de cena, dice a Mayo mientras saca de las bolsas queso crema, tortillas y lo que creo es un bote de leche. A Mayo le encantan las entomatadas. ¿Alguna novedad? Pregunta a su mujer con tono fatigoso. Sí, hoy por la mañana cortaron el cable, responde Dona.
Julitoooooo! grita desde el sofá Mayo. Che sonríe debajo de la mesa.
Cuerpo a la vista
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Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
plata sin fin de tu costado.
tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minuto después son los ojos húmedos del perro.
Siempre hay abejas en tu pelo.
Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.
Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla
y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises
la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.
Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano.
Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable)
Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.
-Octavio Paz
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
plata sin fin de tu costado.
tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minuto después son los ojos húmedos del perro.
Siempre hay abejas en tu pelo.
Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.
Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla
y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises
la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.
Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano.
Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable)
Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.
-Octavio Paz
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Y si hay fuego aprenderé a arder
-Nacho Vegas
Hoy visité al filósofo del amor que es Pío Daniel. Antes de llegar al último piso del condominio donde vive, un olor a humo me hizo sospechar lo peor. La noche previa soñé algo extraño: estaba yo en la playa (sueño mucho con el mar) y Pío Daniel gritaba desde una lancha que lo sacarán de allí. Que no quería estar en un mar tan pequeño y tan caliente. El sueño me alertó y marqué al teléfono celular de Daniel Son. No me contestó. Estará sumido dormitando, pensé. Al siguiente día andaba yo por CU, lugar donde vive mi amigo, y seguía rondándome la imagen del Pio gritando desde una lancha, así que volví a marcar a su teléfono: el monótono sonido de un celular que nadie se presta a contestar me puso de nervios. Tengo que ir a la casa de Daniel, me dije. Mientras subía las escaleras el olor a humo, el ir y venir de gente con aparatos estropeados y muebles ahumados, de plano, pusieron mis nervios de punta. Resulta que el pequeño cuarto donde duerme mi amigo se calcinó por completo. Sus pocos libros, su ropa, su lap top, y las contadas pertenencias que hacían llevadera su vida se quemaron reduciéndose a polvo negro. Un corto circuito convirtió en cenizas las escasas pertenencias del Pío Amor. Afortunadamente él se encuentra bien. Logró salir antes de que el siniestro se convirtiera en el gigante violento que terminó por devorar dos departamentos.
Este Post es para que la gente que le conoce y sabe de la calidad humana de Daniel se solidarice y envíe algún recurso económico para que el Pío pueda volver a comprar un colchón de dormir, cobijas y de más menesteres necesarios para sobrevivir el diario. Daniel se quedó en la calle. Hoy duerme con un amigo, mañana con otro y así. Necesita pues que le hagamos el paro todos aquellos a los que el Pío nos ha tendido su mano de manera desinteresada. El número de su cuenta bancaria en Bancomer es: 1287688180
Sin más, espero que tenga eco este post y ayuden. Daniel no está de acuerdo pero pues para qué son los amigos. Les digo, a todos aquellos que conocen mi manía por decir y hacer bromas que esto no se trata de una. Sin más. Un abrazo. Espero que apoyan a Daniel.
-Nacho Vegas
Hoy visité al filósofo del amor que es Pío Daniel. Antes de llegar al último piso del condominio donde vive, un olor a humo me hizo sospechar lo peor. La noche previa soñé algo extraño: estaba yo en la playa (sueño mucho con el mar) y Pío Daniel gritaba desde una lancha que lo sacarán de allí. Que no quería estar en un mar tan pequeño y tan caliente. El sueño me alertó y marqué al teléfono celular de Daniel Son. No me contestó. Estará sumido dormitando, pensé. Al siguiente día andaba yo por CU, lugar donde vive mi amigo, y seguía rondándome la imagen del Pio gritando desde una lancha, así que volví a marcar a su teléfono: el monótono sonido de un celular que nadie se presta a contestar me puso de nervios. Tengo que ir a la casa de Daniel, me dije. Mientras subía las escaleras el olor a humo, el ir y venir de gente con aparatos estropeados y muebles ahumados, de plano, pusieron mis nervios de punta. Resulta que el pequeño cuarto donde duerme mi amigo se calcinó por completo. Sus pocos libros, su ropa, su lap top, y las contadas pertenencias que hacían llevadera su vida se quemaron reduciéndose a polvo negro. Un corto circuito convirtió en cenizas las escasas pertenencias del Pío Amor. Afortunadamente él se encuentra bien. Logró salir antes de que el siniestro se convirtiera en el gigante violento que terminó por devorar dos departamentos.
Este Post es para que la gente que le conoce y sabe de la calidad humana de Daniel se solidarice y envíe algún recurso económico para que el Pío pueda volver a comprar un colchón de dormir, cobijas y de más menesteres necesarios para sobrevivir el diario. Daniel se quedó en la calle. Hoy duerme con un amigo, mañana con otro y así. Necesita pues que le hagamos el paro todos aquellos a los que el Pío nos ha tendido su mano de manera desinteresada. El número de su cuenta bancaria en Bancomer es: 1287688180
Sin más, espero que tenga eco este post y ayuden. Daniel no está de acuerdo pero pues para qué son los amigos. Les digo, a todos aquellos que conocen mi manía por decir y hacer bromas que esto no se trata de una. Sin más. Un abrazo. Espero que apoyan a Daniel.
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Mi querido Bolaño quiso terminar 2666 pero le llegó antes la pelona.
P.D.
(Ayer vi Control. B arrepentido por no ingresar a la sala del lumiere una botella de whisky. Yo pensé: hubiera estado bien. Desde una perspectiva victimaria, la mujer de Ian Curtis narra las infidelidades depresivas de su esposo. Lo mejor del film, a parte de la música, la fotografía de Anton Corbijn. Un blanco y negro con grumos que retrata el gris y denso espíritu de Joy division. Ciertos momentos en la actuación del debutante y vocalista de 10 000 things, Sam Riley, el cual desbancó como candidato a interpretar al símbolo de la banda al famoso Jude Law, son muy buenos. Sobre todo en las actuaciones en directo cuando recrea el frenético baile de Curtis. Una peli que vale los 44 pesos que cobran en los cines o los 10 pesos que cuesta pirata. Después de ver la peli dan ganas de festejar y sacudirse, por supuesto, con música de Joy division. Se recomienda un whisky a dos manos).
Barrio
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Se abre el telón como una tolvanera en el monte
Por mi casa quedan los panteones y los tianguis
Los yunques y la anquilosada lama de canales verdes
Cerca de mi casa aterrizan aviones y buitres
Las cantinas son circos secretos donde ofician magos retirados o domadores de silencio
En los callejones hay fiestas anónimas de albañiles que bailan fajados con cuchillos
Los perros mueren en la vía pública y se hinchan como balón que ya no sirve
Los carros revientan gatos globos peludos
En los alambres de luz hay tenis que fungen de péndulos o renuncias
Las casas huelen a pan o a pared húmeda
Las esquinas a orines o mariguana
Las tiendas a cebolla y tomate pasado
Las señoras a harina o carne seca
Los viejos a carreta o tepache
Los niños a tierra revuelta con chocolate
Las niñas a paleta tutsi y a muñecas destrozadas
Cuando llueve hay lagos y risas
Barcos de vidrio cortan pies de leche
Los pleitos suenan como alarmas lejanas
En las canchas se disputan las horas y las cocas
Hay un ámbito de tamal de elote o carne asada
De tecates rojas y caguamas que suenan a gorriones
Los vendedores de droga son nobles y cuidan las azoteas
Son sus clientes quienes roban los focos de los patios
Por mi casa quedan los panteones y los tianguis
Los yunques y la anquilosada lama de canales verdes
Cerca de mi casa aterrizan aviones y buitres
Las cantinas son circos secretos donde ofician magos retirados o domadores de silencio
En los callejones hay fiestas anónimas de albañiles que bailan fajados con cuchillos
Los perros mueren en la vía pública y se hinchan como balón que ya no sirve
Los carros revientan gatos globos peludos
En los alambres de luz hay tenis que fungen de péndulos o renuncias
Las casas huelen a pan o a pared húmeda
Las esquinas a orines o mariguana
Las tiendas a cebolla y tomate pasado
Las señoras a harina o carne seca
Los viejos a carreta o tepache
Los niños a tierra revuelta con chocolate
Las niñas a paleta tutsi y a muñecas destrozadas
Cuando llueve hay lagos y risas
Barcos de vidrio cortan pies de leche
Los pleitos suenan como alarmas lejanas
En las canchas se disputan las horas y las cocas
Hay un ámbito de tamal de elote o carne asada
De tecates rojas y caguamas que suenan a gorriones
Los vendedores de droga son nobles y cuidan las azoteas
Son sus clientes quienes roban los focos de los patios
Este es el barrio memorioso que sierra su telón de polvo
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Vestido con un traje anti llamas de los que usan los bomberos el pianista japonés Yosuke Yamashita tocó hasta que el piano se deshizo. Voluntariamente lo prendió fuego en una playa mientras tocaba ante un público atónito de quinientos espectadores.
"No considero que mi vida estuvo en riesgo pero casi me ahogo con el humo que se me entraba en la nariz y los ojos", explicó el pirómano."Decidí seguir tocando hasta que el piano dejara de hacer sonidos, así que sin que me lo propusiera terminó siendo una batalla a muerte entre él y yo".
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I
Paseo Reforma ha sido tomado por bestias inconcebibles. En la mente de Leonara Carrington esas bestias corren por valles surrealistas. Es paseo de Reforma un valle surrealista, una porción aislada de la mente de Leonora Carrington. El último gramático de Colombia admira las esculturas mientras disfruta comiendo grasientos chicharrones. El puñeta piré se hace acompañar de un niño-amante que funge como fotógrafo. A unos pasos se encuentran los guardianes de la tierra. Los voladores de Papantla que cada 30 minutos ofrecen el espectáculo que estabiliza al universo.
II
Más tarde la arena México y un dios: Mascarita sagrada. Sus lances son de otro mundo. Uno elástico y diminuto. Uno más allá de la lógica y la física. Mascarita sagrada y su pequeño cuerpo volando por sobre nucas. Alzando los brazos de la victoria.
Paseo Reforma ha sido tomado por bestias inconcebibles. En la mente de Leonara Carrington esas bestias corren por valles surrealistas. Es paseo de Reforma un valle surrealista, una porción aislada de la mente de Leonora Carrington. El último gramático de Colombia admira las esculturas mientras disfruta comiendo grasientos chicharrones. El puñeta piré se hace acompañar de un niño-amante que funge como fotógrafo. A unos pasos se encuentran los guardianes de la tierra. Los voladores de Papantla que cada 30 minutos ofrecen el espectáculo que estabiliza al universo.
II
Más tarde la arena México y un dios: Mascarita sagrada. Sus lances son de otro mundo. Uno elástico y diminuto. Uno más allá de la lógica y la física. Mascarita sagrada y su pequeño cuerpo volando por sobre nucas. Alzando los brazos de la victoria.
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