pendejo el que lo lea
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overcast
Nunca revele sus contraseñas o números de tarjetas de crédito en una conversación de mensajes instantáneos.
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
haciendo tiempo?
popote para mar (I Love PB) dice:
sí
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
tengo una maquina
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
giras una palanca
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
que hace sshhhrrrrrrinnnng
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
y van cayendo los segundos, en realidad no caen, se suspenden
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es un como un humito
popote para mar (I Love PB) dice:
yo tengo una maquina de destiempo
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
y luego el humito se adelgaza con el aire que entra por la ventana
popote para mar (I Love PB) dice:
nunca puedo calibrarla bien
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
y se va por el mundo
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
ah, esas maquinas son mas delicadas
popote para mar (I Love PB) dice:
sí
popote para mar (I Love PB) dice:
y las piezas
popote para mar (I Love PB) dice:
no sabes
popote para mar (I Love PB) dice:
necesitan mucho de ese humo que flota por el mundo
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
mi tata rafai tenía una, pero no servía, porque se le había roto el destempoetizador
popote para mar (I Love PB) dice:
jajaja
popote para mar (I Love PB) dice:
el platanero?
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
la tenía en el corral, entopnces dos dejaba que jugaramos arriba de ella
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
ey
popote para mar (I Love PB) dice:
yo la donaré a mis primos menores
popote para mar (I Love PB) dice:
para que jueguen también
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si, nomas drenala primero,
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
no vaya a ser
popote para mar (I Love PB) dice:
aguevo
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
que modelo es?
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
checale abajo
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donde esta la manivela
popote para mar (I Love PB) dice:
imagina se le destemporalize alguna nariz de mis primos, o la mano, la voz de mi nana que viene a regañarlos porque están brincoteando demaciado
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
son 6 los numeros
popote para mar (I Love PB) dice:
sí
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
ta cabron
popote para mar (I Love PB) dice:
es 78909
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
cuando se descompuso la maquina del tata
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los platanos daban racimos tres veces
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
y luego cuatro
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
y asi
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pero el pedo fue cuando empezó a funcionar alreves
popote para mar (I Love PB) dice:
con razón
popote para mar (I Love PB) dice:
la mía está bajo la sombra de un guamuchil
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
dio 9, luego 3, luego uno
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
y luego empezó a generar antiplatanos
popote para mar (I Love PB) dice:
era tan frondoso
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
las roscas de guamuchil
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
salen alrevez
popote para mar (I Love PB) dice:
hace algún tiempo regresó a la maleta, sin accionar la perilla, a un guayabo que ya estaba muy crecidito
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bueno, si te gustan el landscaping, aca, la onda de la jardineria
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la maquina es muy util
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quitas y pones sin pedos
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pero la mía tiene fugas
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me hizo más joven la espalda
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imagina los dolores
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la cadera vieja
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de mis años
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y una espalda de adolesente
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sss
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dale alrevez a la manivela
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no sirve
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destemporaliza cuando quiere
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a la verga
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trucha
popote para mar (I Love PB) dice:
ss
popote para mar (I Love PB) dice:
pienso en mi familia
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ay un relojero en los mochis
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que arregla camaras reflex
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
y destemporalizadores
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siempre y cuando el modelo no sea anterior a 1200
popote para mar (I Love PB) dice:
el peligro que corren cada que pasean por el patio
popote para mar (I Love PB) dice:
luego a mi nana está volviendo a hacer tortillas
popote para mar (I Love PB) dice:
no comprende que despues de hechas
popote para mar (I Love PB) dice:
y ya dobladas
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cuando las quiere guardar
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son de nuevo masas
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redonditas
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mantecosas
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me sacó esta madre
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tas chambeando?
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sí
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espiando
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te la mando
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por western union
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y ahorita no están cobrando
popote para mar (I Love PB) dice:
que bueno
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así me ahorro los que iba a encargar para este fin de año
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fin de año
www.longbeachtransit.blogspot.com dice:
ya encima
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te dejo trabajar
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un abrazo mi buen carnal
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cuando las quiere guardar
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Tío Bewrkzogues
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No se puede responder. No se puede responder. No se puede responder. 4) No se puede responder. No se puede responder. No se puede responder. 3) No se puede responder. No se puede responder. La estrangulé. La estrangulé con una corbata roja a pintas blancas. Después la poseí. ¡Lo costosas que han sido estas nupcias! Oh madre, oh madre, oh madre. No se puede responder. 2) No se puede responder. No se puede responder. No se puede responder. Papá mírame a los ojos. Cuando tenga una casita blanca, completa-blanca, juro que no la mancharé de sangre. Me cuidaré bien de hacerlo. Será una casita blanca perfecta sobre una loma verde y yo. Yo no asesinaré a nadie ahí. Salvo algún descuido o desliz. Este liz. A nadie ahí asesinaré. Matar es un disgusto. No mataré entonces en la casita blanca como la leche. Allí no habrá ninguna salpicadura de sangre, ningún huesito con la huella de mis dientes. Ni la gillete estará oxidada por causa oscura, ni nadie me vendrá con frases de cordel, el cordón de la cortina, la corbata. Cortar. Ni la frase ni el calibre de la frase. Tírale bajo, a las piernas no más alto. No haré nada malo allí. Matar. Por favor. No mataré a nadie más nunca más. Aunque no me den esa casita blanca. Puede ser simplemente un techo, aislado, desplazable, un sombrero, sí, un pedazo de poste común para apoyar la espalda. No. No mataré a nadie más. Concha. A los que aman a los locos y a los asesinos, yo digo, yo les enseñaría a andar amando. Dádmelos. Sí. No mataré a nadie más, me cortaré las manos antes de hacerlo. No voy a matar a ningún niño más por tentador que sea su cuerpiño: a ningún niño. Matar es un disgusto.
¡Matar, matar, matar es un disgusto!
1) No se puede responder.
2) Papá, papaz, papaí, paisá, paisagrí. Paz y tardanza. 0) No se puede responder. Pero ya dije que no mataré nunca más a nadie. Chorreante de lágrimas cuando recibí el telegrama lloré como un. Un loco. Tíó Bewrkzogues ha muerto. Lloré. En el estilo más chileno. La muerte la tiene con otros. Yo corazón planchado en oro y guasca trenzada. El ex yo paradito y disimulado. Pero no: no mataré nunca más. Abrieron el celular a la mañana. Abrieron otro celular. Del segundo abierto bajaron las mujeres. La moda era de cadenas arrolladas a la cintura. Bajaron del celular tintineando las cadenas, tin tin desde temprano. El primer abierto era de hombres. Bajaron. Y aquí estamos. Era eso. Allá él el que lo enfrente. Si éste es Pepe, perfecto: éste es Ramón. Cosa cosa, evidente. Dos y uno para el descarte. Mujeres con conchas. A una fila. Otra fila hombres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .un vigilante hijogris. Cree que así debe ajustarme las esposas. Me lastima las muñecas inútilmente.
Con un poco nomás basta. La cárcel tiene sus ventajas. Es preferible la cárcel estable a andar rondando de comisaría en comisaría. La ciudad no es cruel. Sólo un imbécil puede quejarse de una ciudad organizada. Todo está perfecto. Quiero estar solo en la casita blanca. Que no me dejen a nadie para no caer en la tentación. O sí, a muchos. Aunque no hay muchos.
Ni uno.
Oh madre, el casamiento debió resolverse en el simple civil, seguido de un almuerzo entre los íntimos. Pero tú te obstinaste en las modas que tú llamabas modas napoleónicas. Te quitaste la sandalia de oro y adelantaste tu piecito para que yo lo besara, temblando. Tú te obstinaste. Sonreías en lo alto y yo crujía en lo bajo, luchando con la incomodidad de mi ropa de gala, el maldito espadín, la congestión de todos mis rasgos. Me puse a fumar, hice humo, y tú diste la orden de enganchar los caballos, a la moda, ibas con los pezones al aire, con el tul rozando. Oh madre. ¿Por qué has hecho nupcias tan costosas si tu hijo no puede permanecer erguido frente a ti?
La cantina estaba llena. Me quedé frente al micrófono con la boca abierta, sin poder cantar ni entender. La cantina estaba llena. No se puede responder. Preguntándome en otras ocasiones qué hacer cuando no había. Nada que hacer. Quedarse en aquella cocina distante mirando por la ventana distante, mirando dos árboles en ojiva. Quedarse todos los instantes sin nada que hacer, no se puede responder, no se puede responder. Cada canto tiene sus grietas. Es el cantor el que se pierde, pero. No se puede responder. La cantina estaba llena. Tercera Parte, Capítulo XII. En El Fiord se lee, sorpresivamente: «Entonces apareció mi mujer». Entonces se lee. ) No se puede responder. Padre nuestro que estás en los cielos, esquizofrénico, yo por mí no hubiera matado, fue por los otros: yo era demasiado extrovertido. La portera pretendió prohibirme la entrada a mi propia casa, cosas que a mí me pasan. Luchamos junto al ascensor. No quería dejarme entrar a mi propia casa. Echado de mi casa, expulsado hasta la desolada esquina opuesta, pensé, llegué a pensarlo: si me echa no vuelvo nunca más a esta casa. Padre cerdo que estás en la mierda, tu lugar si allí te veo almibarado en grumos, yo por mí hubiera matado a los otros, no a mí mismo, quieto basta. Pero me retraje. Introvertido. Papá mímame los ojos No se puede responder o se puede responder se puede responder e puede responder puede responder uede responder ede responder de responder e responder responder esponder sponder ponder onder nder der er r Novena Parte. Capítulo III. En la novela, el marqués de Sebregondi dijo: «¿Y Dios es éste, este pendejo que por haberse metido en el Liceo Militar va a salvarse de la colimba?» Dijo, y se sintió justificado en su homosexualidad –activa– y confirmado, conforme en su extrema, cada vez más extrema necesidad de droga. Paciencia, dijo. Culo y terror. Tenía un pene digital, falangíneo. Ortopédico, un aparato brilloso le servía de mano: se la habían cortado. Anduvo por ahí y anduvo por aquí. Bulineando y otras cosas. Se lo recibió primero en familia, hasta que apareció que era un guacho. Tanteó. Hizo su cuento. Lo apartaron. Conocía algunas cosas de cirugía y se metió en las bandas, operaba. Heridas de bala. Allá él, allá su muñón. Aquí. Matar es un disgusto.
Y dificultades en la defecación y en la eyaculación, una pasta verde. Y yo no hablaría así de política. E1 tío Bewrkzogues se baja los pantalones. Es un día de mayo en la caliente Europa. La hierba crece. El tío Bewrkzogues yace. Dar siempre en la tecla como le corresponde a todo europeo: para algo inventaron la tecla. La hierba crece: otra vez. El tío Bewrkzogues se baja los pantalones y espera a los mocetones que vuelven de las eras. Cuando vengan nos perderemos la escena... Gitano, gitano... ¡Gitanillo!
Del libro "Sebregondi retrocede", de Osvaldo Lamborghini, publicado en 1973
¡Matar, matar, matar es un disgusto!
1) No se puede responder.
2) Papá, papaz, papaí, paisá, paisagrí. Paz y tardanza. 0) No se puede responder. Pero ya dije que no mataré nunca más a nadie. Chorreante de lágrimas cuando recibí el telegrama lloré como un. Un loco. Tíó Bewrkzogues ha muerto. Lloré. En el estilo más chileno. La muerte la tiene con otros. Yo corazón planchado en oro y guasca trenzada. El ex yo paradito y disimulado. Pero no: no mataré nunca más. Abrieron el celular a la mañana. Abrieron otro celular. Del segundo abierto bajaron las mujeres. La moda era de cadenas arrolladas a la cintura. Bajaron del celular tintineando las cadenas, tin tin desde temprano. El primer abierto era de hombres. Bajaron. Y aquí estamos. Era eso. Allá él el que lo enfrente. Si éste es Pepe, perfecto: éste es Ramón. Cosa cosa, evidente. Dos y uno para el descarte. Mujeres con conchas. A una fila. Otra fila hombres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .un vigilante hijogris. Cree que así debe ajustarme las esposas. Me lastima las muñecas inútilmente.
Con un poco nomás basta. La cárcel tiene sus ventajas. Es preferible la cárcel estable a andar rondando de comisaría en comisaría. La ciudad no es cruel. Sólo un imbécil puede quejarse de una ciudad organizada. Todo está perfecto. Quiero estar solo en la casita blanca. Que no me dejen a nadie para no caer en la tentación. O sí, a muchos. Aunque no hay muchos.
Ni uno.
Oh madre, el casamiento debió resolverse en el simple civil, seguido de un almuerzo entre los íntimos. Pero tú te obstinaste en las modas que tú llamabas modas napoleónicas. Te quitaste la sandalia de oro y adelantaste tu piecito para que yo lo besara, temblando. Tú te obstinaste. Sonreías en lo alto y yo crujía en lo bajo, luchando con la incomodidad de mi ropa de gala, el maldito espadín, la congestión de todos mis rasgos. Me puse a fumar, hice humo, y tú diste la orden de enganchar los caballos, a la moda, ibas con los pezones al aire, con el tul rozando. Oh madre. ¿Por qué has hecho nupcias tan costosas si tu hijo no puede permanecer erguido frente a ti?
La cantina estaba llena. Me quedé frente al micrófono con la boca abierta, sin poder cantar ni entender. La cantina estaba llena. No se puede responder. Preguntándome en otras ocasiones qué hacer cuando no había. Nada que hacer. Quedarse en aquella cocina distante mirando por la ventana distante, mirando dos árboles en ojiva. Quedarse todos los instantes sin nada que hacer, no se puede responder, no se puede responder. Cada canto tiene sus grietas. Es el cantor el que se pierde, pero. No se puede responder. La cantina estaba llena. Tercera Parte, Capítulo XII. En El Fiord se lee, sorpresivamente: «Entonces apareció mi mujer». Entonces se lee. ) No se puede responder. Padre nuestro que estás en los cielos, esquizofrénico, yo por mí no hubiera matado, fue por los otros: yo era demasiado extrovertido. La portera pretendió prohibirme la entrada a mi propia casa, cosas que a mí me pasan. Luchamos junto al ascensor. No quería dejarme entrar a mi propia casa. Echado de mi casa, expulsado hasta la desolada esquina opuesta, pensé, llegué a pensarlo: si me echa no vuelvo nunca más a esta casa. Padre cerdo que estás en la mierda, tu lugar si allí te veo almibarado en grumos, yo por mí hubiera matado a los otros, no a mí mismo, quieto basta. Pero me retraje. Introvertido. Papá mímame los ojos No se puede responder o se puede responder se puede responder e puede responder puede responder uede responder ede responder de responder e responder responder esponder sponder ponder onder nder der er r Novena Parte. Capítulo III. En la novela, el marqués de Sebregondi dijo: «¿Y Dios es éste, este pendejo que por haberse metido en el Liceo Militar va a salvarse de la colimba?» Dijo, y se sintió justificado en su homosexualidad –activa– y confirmado, conforme en su extrema, cada vez más extrema necesidad de droga. Paciencia, dijo. Culo y terror. Tenía un pene digital, falangíneo. Ortopédico, un aparato brilloso le servía de mano: se la habían cortado. Anduvo por ahí y anduvo por aquí. Bulineando y otras cosas. Se lo recibió primero en familia, hasta que apareció que era un guacho. Tanteó. Hizo su cuento. Lo apartaron. Conocía algunas cosas de cirugía y se metió en las bandas, operaba. Heridas de bala. Allá él, allá su muñón. Aquí. Matar es un disgusto.
Y dificultades en la defecación y en la eyaculación, una pasta verde. Y yo no hablaría así de política. E1 tío Bewrkzogues se baja los pantalones. Es un día de mayo en la caliente Europa. La hierba crece. El tío Bewrkzogues yace. Dar siempre en la tecla como le corresponde a todo europeo: para algo inventaron la tecla. La hierba crece: otra vez. El tío Bewrkzogues se baja los pantalones y espera a los mocetones que vuelven de las eras. Cuando vengan nos perderemos la escena... Gitano, gitano... ¡Gitanillo!
Del libro "Sebregondi retrocede", de Osvaldo Lamborghini, publicado en 1973
Cambio de actitud
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overcast
Música banda baja por el cerro, agua de lluvia. Patrullas y fiesta que resisten las postrimerías del año. El cuerpo borroso de un hombre, incluido vaso de licor en la mano, tal vez whisky, descorre persianas y admite viento helado con deleite. Estira los brazos, es un crucifijo que respira hondo y recibe augurios nuevos.
Entre las casas anónimas: Astor Piazzolla y una ventana. Otro hombre, tal vez yo, no puede recibir el año con agrado. El viento, el paño de la noche, le resulta hostil. Luego los nervios o la mente, el acantilado constante, la ciudad desconocida. Imagina rostros lejanos que se iluminan como juegos artificiales que luego se apagan rayando el horizonte. Da una calada a un Marlboro y se dispone a cambiar el disco: Squirrel Nut Zippers. Alguien toca a la puerta, tal vez yo, recibe con agrado el viento helado que envuelve a otro cuerpo en el umbral.
Entre las casas anónimas: Astor Piazzolla y una ventana. Otro hombre, tal vez yo, no puede recibir el año con agrado. El viento, el paño de la noche, le resulta hostil. Luego los nervios o la mente, el acantilado constante, la ciudad desconocida. Imagina rostros lejanos que se iluminan como juegos artificiales que luego se apagan rayando el horizonte. Da una calada a un Marlboro y se dispone a cambiar el disco: Squirrel Nut Zippers. Alguien toca a la puerta, tal vez yo, recibe con agrado el viento helado que envuelve a otro cuerpo en el umbral.
La era de los escritores fantasma
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Obras con firmas de identidades desconocidas toman las librerías en España - 'Wikinovelas' en la Red y nuevos géneros de creación compartida están de moda
Jesús Ruiz Mantilla -
Son dos ejemplos de la nueva crisis de la autoría. Dos experiencias surgidas en estos nuevos tiempos en los que las historias interesan más que las firmas que las crean. Otra de las sacudidas que nos tenía preparadas Internet y que ha prendido con tal fuerza en la Red que habrá que estar atentos hacia dónde nos lleva.
Por lo pronto, muchos autores se han puesto las pilas, sobre todo los más jóvenes, que se han lanzado al pozo de la autoría compartida. Algo que ha dado lugar a un nuevo fenómeno que muchos empiezan a llamar género, la wikinovela. Lo han hecho ya Hernán Casciari, Espido Freire o el más experimentado Juan José Millás. Son historias creadas en construcción con gente en la Red. Un autor lanza un argumento y el resto lo completa.
Aunque Millás tiene sus dudas. "Me he vuelto a tropezar con alguna novela en la que he participado por Internet. No tengo mucha confianza en ellas porque la importancia de toda obra es lo que no se ve, el sistema nervioso, lo que le da un sentido y está por debajo. En estas cosas se compite por ver quién es el más ingenioso y no resultan eficaces", comenta Millás. "Puede salir bien si lo coge alguien al final que afianza el punto de vista, el orden", añade.
Pero las autorías compartidas no son nuevas. "Ya se han hecho en papel y han sido un desastre. Aunque se me ocurren otras autorías compartidas en la historia que son obras maestras. En la televisión, Los Soprano o en la Edad Media, los que construían catedrales, pero precisamente les salía bien porque atendían a lo interno más que a lo externo", dice Millás. De todas formas, y con sus reservas, avisa: "Habrá que estar atentos al fenómeno".
Pero la Red y la publicidad más agresiva se convierten en cómplices de misterios por desvelar en cuanto a las autorías. Sin duda, alentados por legendarios nombres de la literatura universal que también se esconden. Como B. Traven, el anarquista alemán que acabó en México escribiendo El tesoro de Sierra Madre o El barco de la muerte, a quien nunca se vio en público; como J. D. Salinger o Thomas Pynchon, aún hoy a resguardo de los focos bajo una aureola de culto. También los hay que se desdoblan en dos firmas, como William Irish, también conocido como Cornell Woolrich, algo que ahora practican John Banville, que es Benjamin Black para sus novelas negras, o Gore Vidal, que firma Edgar Box también para sus piezas policiacas.
Quizás es lo que busque Víctor Saltero, que se lanzó paradójicamente a la fama con un thriller, titulado Sucedió en el Ave, apoyado por una más que espectacular campaña publicitaria y que adopta el nombre de uno de sus personajes. José Sánchez Cervera, editor de Imser Siglo, sigue el juego de su identidad camuflada: "Tenemos ocho novelas suyas que iremos sacando. Es un autor estupendo para nosotros, muy diferente", dice. ¿Se le puede entrevistar? "No, lo siento, ya nos gustaría que hiciera promoción, nos vendría mucho mejor y evitaría problemas, pero no nos lo permite, incluso consta en su contrato. No podemos desvelar su identidad". Poco más se le puede sacar. Que es empresario, que no tiene problemas de dinero, que escribía por afición, que vive retirado de casi todo... Un misterio.
No es el único. En la última gran inundación del mercado con historias trepidantes, de pura evasión, sin grandes deseos de notoriedad por parte de quienes las elaboran, los editores y los agentes convencen incluso a los escritores para que se cambien el nombre por otros que tengan, a poder ser, resonancia anglosajona. Resulta mucho más fácil introducirles en el mercado internacional si a un escritor llamado Jesús Bodas se le cambia el nombre por Andrea Weddings, por ejemplo. Quién sabe cuántos ejemplos parecidos habrá desperdigados por ahí; y al revés, como hace el español Juan Eslava Galán, que en el extranjero firma como Nicholas Wilcox.
Existen otras experiencias más agresivas, que incluso van acompañadas de una filosofía, una nueva manera de reivindicar diferentes formas de creación con nuevas luchas como la del copyleft, es decir, lo contrario a los derechos de autor tal y como se conciben hoy. La bandera del derecho compartido la alzan colectivos como el antiguo Luther Blissett, hoy Wu Ming.
Claudio López Lamadrid, editor de Random House Mondadori, sacó al mercado Q, su primera novela. "Son un grupo muy activo en Internet que no quieren aparecer en fotografías pero que cuidan muchísimo lo que hacen. Cuidan las traducciones de manera obsesiva, por ejemplo", afirma el editor.
Los integrantes que hicieron Q se definieron como "terroristas intelectuales". Entre otras cosas, con esta novela, ambientada en el siglo XVI, perseguían conectar a sus lectores con la historia de dos hombres encerrados en una habitación sin que ninguno de los dos supiera quién era el otro. De Luther Blissett, cambiaron a Wu Ming. Con éxito. Bajo esa firma han publicado 54 y Manituana.
Son cinco: Roberto Bui, Giovanni Cattabriga, Lucca Di Meo, Federico Guglielmi y Riccardo Pedrini. "Escriben también por separado con sus propios seudónimos numerados: Wu Ming 1, 2, 3, 4 y 5. Aunque cuando son más eficaces es con sus historias en grupo, tienen mucha más gracia así", afirma López Lamadrid.
Pero su objetivo va más allá de la propia creación. Pretenden replantear en el siglo XXI la figura del autor y del narrador. Para ese fin han creado una lista de derechos y deberes, entre los que cabe destacar algunos. Entre los deberes: "El narrador tiene el deber de no creerse superior a los demás". "El narrador tiene el deber de no confundir la fabulación, su misión principal, con un exceso de autobiografismo obsesivo y de ostentación narcisista". Entre los derechos: "El narrador tiene derecho a no aparecer en los medios de comunicación". "El narrador tiene derecho a no fingirse experto en ninguna materia". "El narrador tiene derecho a oponerse con la desobediencia civil a las pretensiones de quien (editores incluidos) quiera privarle de sus derechos".
Wu Ming o el fenómeno de las wikinovelas representan tendencias con gancho. Interesan y dejan en evidencia lo que, según Javier Celaya, uno de los impulsores de Dosdoce, una revista cultural de la Red con mucho prestigio entre los editores y círculos del arte por sus informes sobre la utilización de la Red en la creación, cree que es una crisis de la autoría. "Las personas que se mueven por Internet en ámbitos de creación literaria ya no están obsesionadas con la firma propia. Comparten su autoría, les interesan las historias, el resto les da igual", asegura Celaya.
Estas formas de trabajar, además, crecerán. "Todavía no me atrevo a llamar a esto género, quizá falta tiempo para que sea considerado como tal, pero es una tendencia que crece y que no sabemos dónde acabará, ni qué horizontes nos va a abrir". Varios autores parecen preparados ante los nuevos retos de la Red. Los editores, no tanto, según Celaya. "Hay ejemplos aislados, iniciativas que empiezan a cuajar, van mejorando su relación con este mundo, pero hasta hace muy poco han sido completamente ajenos a ella. Deberían aprender de lo que en el campo discográfico ha supuesto la aparición de Internet, porque empiezan a tener los mismos problemas que tuvieron los editores de música hace años", avisa.
De hecho, podrían tomar nota de algunas iniciativas como las Keitai bunko, de Japón. Novelas que circulan por teléfono móvil. Un soporte inagotable. Una mina desde la que cualquiera puede sentir ya la llamada de una historia.
Jesús Ruiz Mantilla -
Víctor Saltero no tiene cara. Ni se la vamos a ver nunca. Pero ha vendido casi 100.000 ejemplares de sus libros Sucedió en el Ave, El amante de la belleza o Desde la ventana.
Luther Blissett era un jugador de la Liga italiana que jamás marcó un gol. Pero también es la firma que aparece en la novela Q, elaborada por un colectivo de creadores boloñeses que ahora han cambiado su identidad: se dicen llamar Wu Ming, que en chino significa "sin nombre". Su última novela, Manituana, ha vendido ya en Italia 200.000 ejemplares.
Luther Blissett era un jugador de la Liga italiana que jamás marcó un gol. Pero también es la firma que aparece en la novela Q, elaborada por un colectivo de creadores boloñeses que ahora han cambiado su identidad: se dicen llamar Wu Ming, que en chino significa "sin nombre". Su última novela, Manituana, ha vendido ya en Italia 200.000 ejemplares.
Son dos ejemplos de la nueva crisis de la autoría. Dos experiencias surgidas en estos nuevos tiempos en los que las historias interesan más que las firmas que las crean. Otra de las sacudidas que nos tenía preparadas Internet y que ha prendido con tal fuerza en la Red que habrá que estar atentos hacia dónde nos lleva.
Por lo pronto, muchos autores se han puesto las pilas, sobre todo los más jóvenes, que se han lanzado al pozo de la autoría compartida. Algo que ha dado lugar a un nuevo fenómeno que muchos empiezan a llamar género, la wikinovela. Lo han hecho ya Hernán Casciari, Espido Freire o el más experimentado Juan José Millás. Son historias creadas en construcción con gente en la Red. Un autor lanza un argumento y el resto lo completa.
Aunque Millás tiene sus dudas. "Me he vuelto a tropezar con alguna novela en la que he participado por Internet. No tengo mucha confianza en ellas porque la importancia de toda obra es lo que no se ve, el sistema nervioso, lo que le da un sentido y está por debajo. En estas cosas se compite por ver quién es el más ingenioso y no resultan eficaces", comenta Millás. "Puede salir bien si lo coge alguien al final que afianza el punto de vista, el orden", añade.
Pero las autorías compartidas no son nuevas. "Ya se han hecho en papel y han sido un desastre. Aunque se me ocurren otras autorías compartidas en la historia que son obras maestras. En la televisión, Los Soprano o en la Edad Media, los que construían catedrales, pero precisamente les salía bien porque atendían a lo interno más que a lo externo", dice Millás. De todas formas, y con sus reservas, avisa: "Habrá que estar atentos al fenómeno".
Pero la Red y la publicidad más agresiva se convierten en cómplices de misterios por desvelar en cuanto a las autorías. Sin duda, alentados por legendarios nombres de la literatura universal que también se esconden. Como B. Traven, el anarquista alemán que acabó en México escribiendo El tesoro de Sierra Madre o El barco de la muerte, a quien nunca se vio en público; como J. D. Salinger o Thomas Pynchon, aún hoy a resguardo de los focos bajo una aureola de culto. También los hay que se desdoblan en dos firmas, como William Irish, también conocido como Cornell Woolrich, algo que ahora practican John Banville, que es Benjamin Black para sus novelas negras, o Gore Vidal, que firma Edgar Box también para sus piezas policiacas.
Quizás es lo que busque Víctor Saltero, que se lanzó paradójicamente a la fama con un thriller, titulado Sucedió en el Ave, apoyado por una más que espectacular campaña publicitaria y que adopta el nombre de uno de sus personajes. José Sánchez Cervera, editor de Imser Siglo, sigue el juego de su identidad camuflada: "Tenemos ocho novelas suyas que iremos sacando. Es un autor estupendo para nosotros, muy diferente", dice. ¿Se le puede entrevistar? "No, lo siento, ya nos gustaría que hiciera promoción, nos vendría mucho mejor y evitaría problemas, pero no nos lo permite, incluso consta en su contrato. No podemos desvelar su identidad". Poco más se le puede sacar. Que es empresario, que no tiene problemas de dinero, que escribía por afición, que vive retirado de casi todo... Un misterio.
No es el único. En la última gran inundación del mercado con historias trepidantes, de pura evasión, sin grandes deseos de notoriedad por parte de quienes las elaboran, los editores y los agentes convencen incluso a los escritores para que se cambien el nombre por otros que tengan, a poder ser, resonancia anglosajona. Resulta mucho más fácil introducirles en el mercado internacional si a un escritor llamado Jesús Bodas se le cambia el nombre por Andrea Weddings, por ejemplo. Quién sabe cuántos ejemplos parecidos habrá desperdigados por ahí; y al revés, como hace el español Juan Eslava Galán, que en el extranjero firma como Nicholas Wilcox.
Existen otras experiencias más agresivas, que incluso van acompañadas de una filosofía, una nueva manera de reivindicar diferentes formas de creación con nuevas luchas como la del copyleft, es decir, lo contrario a los derechos de autor tal y como se conciben hoy. La bandera del derecho compartido la alzan colectivos como el antiguo Luther Blissett, hoy Wu Ming.
Claudio López Lamadrid, editor de Random House Mondadori, sacó al mercado Q, su primera novela. "Son un grupo muy activo en Internet que no quieren aparecer en fotografías pero que cuidan muchísimo lo que hacen. Cuidan las traducciones de manera obsesiva, por ejemplo", afirma el editor.
Los integrantes que hicieron Q se definieron como "terroristas intelectuales". Entre otras cosas, con esta novela, ambientada en el siglo XVI, perseguían conectar a sus lectores con la historia de dos hombres encerrados en una habitación sin que ninguno de los dos supiera quién era el otro. De Luther Blissett, cambiaron a Wu Ming. Con éxito. Bajo esa firma han publicado 54 y Manituana.
Son cinco: Roberto Bui, Giovanni Cattabriga, Lucca Di Meo, Federico Guglielmi y Riccardo Pedrini. "Escriben también por separado con sus propios seudónimos numerados: Wu Ming 1, 2, 3, 4 y 5. Aunque cuando son más eficaces es con sus historias en grupo, tienen mucha más gracia así", afirma López Lamadrid.
Pero su objetivo va más allá de la propia creación. Pretenden replantear en el siglo XXI la figura del autor y del narrador. Para ese fin han creado una lista de derechos y deberes, entre los que cabe destacar algunos. Entre los deberes: "El narrador tiene el deber de no creerse superior a los demás". "El narrador tiene el deber de no confundir la fabulación, su misión principal, con un exceso de autobiografismo obsesivo y de ostentación narcisista". Entre los derechos: "El narrador tiene derecho a no aparecer en los medios de comunicación". "El narrador tiene derecho a no fingirse experto en ninguna materia". "El narrador tiene derecho a oponerse con la desobediencia civil a las pretensiones de quien (editores incluidos) quiera privarle de sus derechos".
Wu Ming o el fenómeno de las wikinovelas representan tendencias con gancho. Interesan y dejan en evidencia lo que, según Javier Celaya, uno de los impulsores de Dosdoce, una revista cultural de la Red con mucho prestigio entre los editores y círculos del arte por sus informes sobre la utilización de la Red en la creación, cree que es una crisis de la autoría. "Las personas que se mueven por Internet en ámbitos de creación literaria ya no están obsesionadas con la firma propia. Comparten su autoría, les interesan las historias, el resto les da igual", asegura Celaya.
Estas formas de trabajar, además, crecerán. "Todavía no me atrevo a llamar a esto género, quizá falta tiempo para que sea considerado como tal, pero es una tendencia que crece y que no sabemos dónde acabará, ni qué horizontes nos va a abrir". Varios autores parecen preparados ante los nuevos retos de la Red. Los editores, no tanto, según Celaya. "Hay ejemplos aislados, iniciativas que empiezan a cuajar, van mejorando su relación con este mundo, pero hasta hace muy poco han sido completamente ajenos a ella. Deberían aprender de lo que en el campo discográfico ha supuesto la aparición de Internet, porque empiezan a tener los mismos problemas que tuvieron los editores de música hace años", avisa.
De hecho, podrían tomar nota de algunas iniciativas como las Keitai bunko, de Japón. Novelas que circulan por teléfono móvil. Un soporte inagotable. Una mina desde la que cualquiera puede sentir ya la llamada de una historia.
Tomado de El País
Distancia
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A Fito le gustaba escuchar ladridos de perros en la distancia. Salir al balcón de su casa y tomar aire fresco, casi helado. Cerca de allí pasaba, ceremoniosamente a las 23:00 horas, un tren de carga que a Fito le causaba una dicha inconmensurable (Fito no sabía lo que significaba la palabra inconmensurable). Esa particular noche y después de fumarse un porro, Fito esperó el silbato ceremonioso del tren de las once. El eléctrico zumbido de trailers sobre la carretera le pareció sedante. Eran pasadas de las 23:00 horas. Fito se preguntó: ¿me tiro del balcón? Un aferrado perro persistía ladrando a la distancia. El delgado silbato del tren terminó por silenciarlo.
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la borrachera
y la cocaína
me distienden
miro los rostros ebrios
en mis testigos
y una especie de nostalgia
es la locura
no soy Pessoa
nunca seré Pessoa
por lo demás
bebo cerveza
en la noche del segundo desierto
infló TKT
koop
gotan Project
y un autobús se vuelca
en alguna carretera polvosa
siete mueren
bebo
coyotes miran la luna
su brillo insólito
bebo
una serpiente coralillo
va dejando su trazo elíptico
sobre el lomo plateado
de una duna
bebo
mis testigos sienten el hielo
el tiempo derritiéndose
bebo
en casa mi madre
sueña que fuma frente al mar
y la cocaína
me distienden
miro los rostros ebrios
en mis testigos
y una especie de nostalgia
es la locura
no soy Pessoa
nunca seré Pessoa
por lo demás
bebo cerveza
en la noche del segundo desierto
infló TKT
koop
gotan Project
y un autobús se vuelca
en alguna carretera polvosa
siete mueren
bebo
coyotes miran la luna
su brillo insólito
bebo
una serpiente coralillo
va dejando su trazo elíptico
sobre el lomo plateado
de una duna
bebo
mis testigos sienten el hielo
el tiempo derritiéndose
bebo
en casa mi madre
sueña que fuma frente al mar
Tres poemas inéditos de Rafa Alberti
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Réquiem
Aquí... aquí... donde tú estuviste
Donde estuvo ya inmóvil tu cuerpo...
Aquí... aquí... a esta luz amarga
De color siglo XIII y muy viejo...
Quiero hacer este verso Triste, Muy triste
Como rayo de luna sobre el Campo Muerto
Me encuentro.¡Y ahora sí que estoy solo!
Unas luces enfermas de color ceniciento...,
Un Cristo...,Unas flores mustias de blancor enfermo...
¡como cuando estaba ya inmóvil
tu cuerpo!¡Tu cuerpo! :
largo y abultado como las estatuas del Renacimiento.
y la túnica humilde... de pliegues helénicos... ;
y tus manos místicas...
¡Oh, las ascéticas manos
de los muertos!¡
Oh, el color, el color de los muertos!
:Color de llanura cuando ya hace frío...
Color de este verso.
Aquí... aquí: ¡Como aquella noche!
Me acuerdo de mi juramento,...
Que te hice temblando... temblando...
Al oído...¡ya sin eco!Y ahora:
QuieroRenovar "aquello"...
Y seguir siendo bueno, Muy bueno...
Aquí, aquí, donde
tu estuviste... ;Donde estuvo ya inmóvil tu cuerpo...
Aquí... aquí...: a esta luz amarga
De color siglo XIII y muy viejo...:Hice Este verso.
Julio MCMXX III
Ingenuidad
A Chinita
Todavía no tiene diez años... Pero
¡Qué importa!
Ella, inocentemente me quiere... pero
con una inocencia tan grande!... que
inocentemente yo también la quiero...
Todavía no tiene diez años...; pero... ¡Qué importa!
Su primitivismo no sabe de "eso" !No sabe de "eso"
Que desgraciadamente yo supe hace poco tiempo,
muy poco tiempo.
Su primitivismo no sabe de "eso";
Sabe de otras cosas: leyendas de Wagner...
¡Oh qué lindo, qué lindo, aquello del Cisne,
contado por ella! "Aquel Caballero..."¿Y cuentos?
Sabe "Pulgarcito" y la "Bella Durmiente del bosque"...
Siempre que termina de contar sus cuentos,
se sube a mi falda, y sus brazos me los echa al cuello...
y nos damos un beso muy largo, muy largo,
como "aquel caballero"...
Y nos damos un beso.
¡Un beso!... ¡Qué importa!
Es tan inocente!... Además me quiere...
e inocentemente yo también la quiero...
¡Un beso!... qué importa!...
¡Qué importaque sea muy largo, muy largo,
si es un beso de Cuento...¡Qué importa!
Dejadnos: Su primitivismo no sabe de "eso"!;No sabe de "eso",
que, desgraciadamente yo supe hace poco tiempo,
muy poco tiempo.
Julio MCMXX III
"Es una frente la que hoy pide auxilio"
Es una frente la que hoy pide auxilio partida y dejada sobre las extensiones donde los
buitres le declaran la guerra al viento y a la lluvia.
Los barrotes más fríos me llevan a las llamas.
Mañana será otro día y un alma desertora no dispondrá ni de un pequeño pie de aire para
vanagloriarse de sus crímenes.
Aquí es donde las manos más aburridas tienen forma de punzones helados.
¿Quieres mirar cómo se empaña de odio el acero orinado de las tibias?
Me joden todos tus muertos.
Hay una estrella hacia el norte que te vomitará la viruela,
un cometa hacia el sur que arrasará tu lengua en la sangre lunar de las mujeres,
las vacas del oeste ya no paren más que un humo coagulado de moscas.
¿Qué buscas hacia el este si el mar es el último gargajo desprendido del Gran Ano Supremo?Lloro y me la meneo ante los sagrados cojones de la Virgen.
Aquí... aquí... donde tú estuviste
Donde estuvo ya inmóvil tu cuerpo...
Aquí... aquí... a esta luz amarga
De color siglo XIII y muy viejo...
Quiero hacer este verso Triste, Muy triste
Como rayo de luna sobre el Campo Muerto
Me encuentro.¡Y ahora sí que estoy solo!
Unas luces enfermas de color ceniciento...,
Un Cristo...,Unas flores mustias de blancor enfermo...
¡como cuando estaba ya inmóvil
tu cuerpo!¡Tu cuerpo! :
largo y abultado como las estatuas del Renacimiento.
y la túnica humilde... de pliegues helénicos... ;
y tus manos místicas...
¡Oh, las ascéticas manos
de los muertos!¡
Oh, el color, el color de los muertos!
:Color de llanura cuando ya hace frío...
Color de este verso.
Aquí... aquí: ¡Como aquella noche!
Me acuerdo de mi juramento,...
Que te hice temblando... temblando...
Al oído...¡ya sin eco!Y ahora:
QuieroRenovar "aquello"...
Y seguir siendo bueno, Muy bueno...
Aquí, aquí, donde
tu estuviste... ;Donde estuvo ya inmóvil tu cuerpo...
Aquí... aquí...: a esta luz amarga
De color siglo XIII y muy viejo...:Hice Este verso.
Julio MCMXX III
Ingenuidad
A Chinita
Todavía no tiene diez años... Pero
¡Qué importa!
Ella, inocentemente me quiere... pero
con una inocencia tan grande!... que
inocentemente yo también la quiero...
Todavía no tiene diez años...; pero... ¡Qué importa!
Su primitivismo no sabe de "eso" !No sabe de "eso"
Que desgraciadamente yo supe hace poco tiempo,
muy poco tiempo.
Su primitivismo no sabe de "eso";
Sabe de otras cosas: leyendas de Wagner...
¡Oh qué lindo, qué lindo, aquello del Cisne,
contado por ella! "Aquel Caballero..."¿Y cuentos?
Sabe "Pulgarcito" y la "Bella Durmiente del bosque"...
Siempre que termina de contar sus cuentos,
se sube a mi falda, y sus brazos me los echa al cuello...
y nos damos un beso muy largo, muy largo,
como "aquel caballero"...
Y nos damos un beso.
¡Un beso!... ¡Qué importa!
Es tan inocente!... Además me quiere...
e inocentemente yo también la quiero...
¡Un beso!... qué importa!...
¡Qué importaque sea muy largo, muy largo,
si es un beso de Cuento...¡Qué importa!
Dejadnos: Su primitivismo no sabe de "eso"!;No sabe de "eso",
que, desgraciadamente yo supe hace poco tiempo,
muy poco tiempo.
Julio MCMXX III
"Es una frente la que hoy pide auxilio"
Es una frente la que hoy pide auxilio partida y dejada sobre las extensiones donde los
buitres le declaran la guerra al viento y a la lluvia.
Los barrotes más fríos me llevan a las llamas.
Mañana será otro día y un alma desertora no dispondrá ni de un pequeño pie de aire para
vanagloriarse de sus crímenes.
Aquí es donde las manos más aburridas tienen forma de punzones helados.
¿Quieres mirar cómo se empaña de odio el acero orinado de las tibias?
Me joden todos tus muertos.
Hay una estrella hacia el norte que te vomitará la viruela,
un cometa hacia el sur que arrasará tu lengua en la sangre lunar de las mujeres,
las vacas del oeste ya no paren más que un humo coagulado de moscas.
¿Qué buscas hacia el este si el mar es el último gargajo desprendido del Gran Ano Supremo?Lloro y me la meneo ante los sagrados cojones de la Virgen.
I Love PB
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Después del misterio infinito. De torpes suposiciones. De chismes de azotea, hoy, sí, hoy abren de nuevo el Pluma Blanca. ¡Celebremos!
Les dejo un poema dedicado a los desventurad@s que han quedado vencid@s (como si supieran la verdad) por una mujer o hombre cosmopolita en el metro; pero también la dedicatoria va para l@s rurales que han tenido la misma visión en camiones, rutas y caminatas largas. Un poema de Oscar Hahn.
EN UNA ESTACIÓN DEL METRO
Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre
Les dejo un poema dedicado a los desventurad@s que han quedado vencid@s (como si supieran la verdad) por una mujer o hombre cosmopolita en el metro; pero también la dedicatoria va para l@s rurales que han tenido la misma visión en camiones, rutas y caminatas largas. Un poema de Oscar Hahn.
EN UNA ESTACIÓN DEL METRO
Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre
Postales de noviembre
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Calles barridas por el invierno
Horizonte: sonaja de pájaros y perros
Automovilistas anónimos flotando sobre Heriberto Aja
Un puñado de sombras que mutila la mañana
Cerros borrados por niebla y polvo
Tiempo tensado en alambres de alumbrado público
Una ciudad y el fin de noviembre
Horizonte: sonaja de pájaros y perros
Automovilistas anónimos flotando sobre Heriberto Aja
Un puñado de sombras que mutila la mañana
Cerros borrados por niebla y polvo
Tiempo tensado en alambres de alumbrado público
Una ciudad y el fin de noviembre
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Han sido días extraños. Si no fuera por ciertas personas y momentos diría que he existido en un tiempo aparte, en una realidad desatinada. Van cuatro meses que vivo fuera del seno familiar. Renté un cuarto con muebles ochentenos en la colonia San Benito. A los días de habitarlo me enteré que allí murió, solo, Abigael Bohórquez, el poeta más potente que han dado estas tierras. El lugar tenía un ligero olor a muerte de lírico y se ponía frío por las noches. Yo imaginaba a Abigael en sus últimos momentos habitando la tierra en ese cuartucho grosero. Debieron ser aterradores aquellos latidos fulminantes que acabaron con su vida. ¿Pensaría en algún verso ajeno o propio, en alguna palabra que ahora flota en secreto por ese cuarto ochenteno con olor a musgo y muerte ligera, de lírico? Es extraño. En la misma residencia han muerto y sobrevivido generaciones de personajes extravagantes. Uno de ellos Ricardo Solís (no es un heterónimo de Pessoa), poeta y practicador de saudade. El editor de noches altas, Víctor Hugo B. Margarito Salas, mímico ultimado a cuchilladas por un sordomudo mientras realizaba su acto en la ciudad de Caborca. Rafael Siemprefuegos, vendedor de golosinas agridulces y violador de niñas (actualmente en la isla de Alcatraz). Mariano Sosa, actor porno y vendedor de cobre.
Además de Abigael, en la diminuta patria murió Sofía Salido y su esposo, Miguel “el caradeloco” Guzmán. La pareja se dedicaba a la venta de tortas a las afueras del hospital general. La historia es extraña y no pretendo que la crean: al enterarse que resultaron ganadores de la casa que rifaba el TEC de Monterrey, en un arrebato misterioso tomaron ácido muriático. Sus cuerpos quedaron tendidos con una inquietante sonrisa en el rostro. Menguaron en la misma cama en la que dormí durante dos meses.
Han sido días extraños. Si no fuera por ciertas personas y momentos diría que he estado existiendo en un tiempo aparte, en una realidad desatinada. Ahora vivo cerca de la casa donde murió, solo, otro poeta: Alonso Vidal, a quien hoy creímos ver Venecia y yo. Se nos puso la piel de gallina y recordamos sus frases: “cómo has estado” “Jálate una silla, pillín” “la muerte es la equidistancia perfecta”. La antigua casa de Alonso es hoy una recicladora. Es extraño que en este tiempo a la ciudad (y a mí) le falten personajes como dientes, es ésta una capital molacha. Por ejemplo Omar Bravo, narrador y bañista que ahora vive con el nombre de Steve Wolf en la ciudad de los puentes. Alfonso López, cuentista y payaso que, según últimas versiones, fue raptado por alienígenas en un pueblo Mayo. Rocío Romo, poetiza de ojos como lagos y cuencas malva, que se fue muy lejos, de nada lejos, un día como éste hace cinco años. David Hidrogo, poeta y tótem norteño. Un hombre del que se decía podía transformarse en pájaro. Un pájaro que ahora habita la fría ciudad de Robert Walser. Bili Murillo, vago cósmico del cual no se puede precisar coordenadas. Pio Daniel, filosofo del amor, buscador, serse con los brazos y el corazón abiertos. Erick Bueno, Guitarrista y kafkiano suministrador de tardes, ahora maestro de prepa en Santa Cabora. El odradek de Óscar Benassini: Franco Félix, narrador, chef y galán de novelas independientes en el DF. Donde también edita tempestades. El mismo Óscar, licántropo que actualmente se dedica a lo mismo que su odradek pero al revés. Y la lista sigue. Lo extraño en los días siempre será personal: mi ejemplar de El buscador de cabezas se desintegró, desapareció frente a mis ojos. Mi celular, lo mismo. He chocado un par de ocasiones y me han atropellado una (leve). El carro se ha descompuesto en dos semanas tres veces y estoy seguro que me persiguen chanekes. Así es la vida, me digo, seguro que más de un millón de personas y en distintos idiomas repiten la misma frase.
Además de Abigael, en la diminuta patria murió Sofía Salido y su esposo, Miguel “el caradeloco” Guzmán. La pareja se dedicaba a la venta de tortas a las afueras del hospital general. La historia es extraña y no pretendo que la crean: al enterarse que resultaron ganadores de la casa que rifaba el TEC de Monterrey, en un arrebato misterioso tomaron ácido muriático. Sus cuerpos quedaron tendidos con una inquietante sonrisa en el rostro. Menguaron en la misma cama en la que dormí durante dos meses.
Han sido días extraños. Si no fuera por ciertas personas y momentos diría que he estado existiendo en un tiempo aparte, en una realidad desatinada. Ahora vivo cerca de la casa donde murió, solo, otro poeta: Alonso Vidal, a quien hoy creímos ver Venecia y yo. Se nos puso la piel de gallina y recordamos sus frases: “cómo has estado” “Jálate una silla, pillín” “la muerte es la equidistancia perfecta”. La antigua casa de Alonso es hoy una recicladora. Es extraño que en este tiempo a la ciudad (y a mí) le falten personajes como dientes, es ésta una capital molacha. Por ejemplo Omar Bravo, narrador y bañista que ahora vive con el nombre de Steve Wolf en la ciudad de los puentes. Alfonso López, cuentista y payaso que, según últimas versiones, fue raptado por alienígenas en un pueblo Mayo. Rocío Romo, poetiza de ojos como lagos y cuencas malva, que se fue muy lejos, de nada lejos, un día como éste hace cinco años. David Hidrogo, poeta y tótem norteño. Un hombre del que se decía podía transformarse en pájaro. Un pájaro que ahora habita la fría ciudad de Robert Walser. Bili Murillo, vago cósmico del cual no se puede precisar coordenadas. Pio Daniel, filosofo del amor, buscador, serse con los brazos y el corazón abiertos. Erick Bueno, Guitarrista y kafkiano suministrador de tardes, ahora maestro de prepa en Santa Cabora. El odradek de Óscar Benassini: Franco Félix, narrador, chef y galán de novelas independientes en el DF. Donde también edita tempestades. El mismo Óscar, licántropo que actualmente se dedica a lo mismo que su odradek pero al revés. Y la lista sigue. Lo extraño en los días siempre será personal: mi ejemplar de El buscador de cabezas se desintegró, desapareció frente a mis ojos. Mi celular, lo mismo. He chocado un par de ocasiones y me han atropellado una (leve). El carro se ha descompuesto en dos semanas tres veces y estoy seguro que me persiguen chanekes. Así es la vida, me digo, seguro que más de un millón de personas y en distintos idiomas repiten la misma frase.
17 de noviembre
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Frío
Matilde marca desde el trabajo y se queda callada. Reconozco el resoplo de su aliento por el auricular. Apenas me ve de soslayo y dice hola. Se encierra en su cuarto. Porque Matilde tiene su cuarto aparte. Cuando estoy preparándome algún tentempié, cuando estoy colando café, Matilde sale con ropa de dormir. Me abraza y me dice: Bruno, como te quiero. Le preparo un café con leche y le comparto una porción de mi tentempié (galletas pan crema). Me cuenta su día: entre otras cosas dice que la ciudad está destrozada por baches inmensos. Como si las calles recién hubieran sido bombardeadas o les hubiera caído una lluvia de meteoros. Cuenta que los urbanos están cada vez más jodidos y los chóferes más groseros. Que uno de la ruta 15 le agarró una nalga. Dice que el trabajo es aburrido y sus compañeros no ayudan. Que si no fuera por Miguel se moriría del aburrimiento en la oficina. Yo no la miro mientras doy pequeños sorbos a mi café negro o escucho crujir la pan crema que Matilde muerde. ¿Y tú que hiciste? pregunta. Tiré escombro por la mañana. Eric me dio raite en su pick up. Luego lo acompañé hasta el centro a pagar cuentas vencidas. Comimos tortas ahogadas en el mercado. Matilde me interrumpe. Fíjate que Miguel y yo pedimos tortas también, pero no ahogadas, ya sabes que no me gustan tan grasosas. Estaban buenísimas. Miguel pidió una de pierna y yo una de queso con aguacate. Todos en la oficina comen puras cochinadas. Sólo Miguel y yo pedimos o llevamos comida decente. Le doy un largo sorbo a mi café negro sin azúcar, como debe ser. Matilde acaba su café con leche y su pan crema, me da un beso y me desea buena noche. Comenta que está rendida. ¿No vienes? Pregunta. No, aun no tengo sueño. Veré alguna película o escucharé un disco, tal vez… Matilde me interrumpe. Bueno, que lo disfrutes. Se encierra en su cuarto. Escucho que le echa llave al cerrojo. Doy el último sorbo a mi café negro que para esas alturas está frío.
Texto recuperado de antigua computadora
Febrero 2004
Matilde marca desde el trabajo y se queda callada. Reconozco el resoplo de su aliento por el auricular. Apenas me ve de soslayo y dice hola. Se encierra en su cuarto. Porque Matilde tiene su cuarto aparte. Cuando estoy preparándome algún tentempié, cuando estoy colando café, Matilde sale con ropa de dormir. Me abraza y me dice: Bruno, como te quiero. Le preparo un café con leche y le comparto una porción de mi tentempié (galletas pan crema). Me cuenta su día: entre otras cosas dice que la ciudad está destrozada por baches inmensos. Como si las calles recién hubieran sido bombardeadas o les hubiera caído una lluvia de meteoros. Cuenta que los urbanos están cada vez más jodidos y los chóferes más groseros. Que uno de la ruta 15 le agarró una nalga. Dice que el trabajo es aburrido y sus compañeros no ayudan. Que si no fuera por Miguel se moriría del aburrimiento en la oficina. Yo no la miro mientras doy pequeños sorbos a mi café negro o escucho crujir la pan crema que Matilde muerde. ¿Y tú que hiciste? pregunta. Tiré escombro por la mañana. Eric me dio raite en su pick up. Luego lo acompañé hasta el centro a pagar cuentas vencidas. Comimos tortas ahogadas en el mercado. Matilde me interrumpe. Fíjate que Miguel y yo pedimos tortas también, pero no ahogadas, ya sabes que no me gustan tan grasosas. Estaban buenísimas. Miguel pidió una de pierna y yo una de queso con aguacate. Todos en la oficina comen puras cochinadas. Sólo Miguel y yo pedimos o llevamos comida decente. Le doy un largo sorbo a mi café negro sin azúcar, como debe ser. Matilde acaba su café con leche y su pan crema, me da un beso y me desea buena noche. Comenta que está rendida. ¿No vienes? Pregunta. No, aun no tengo sueño. Veré alguna película o escucharé un disco, tal vez… Matilde me interrumpe. Bueno, que lo disfrutes. Se encierra en su cuarto. Escucho que le echa llave al cerrojo. Doy el último sorbo a mi café negro que para esas alturas está frío.
Texto recuperado de antigua computadora
Febrero 2004
La balada de las hojas más altas
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Ley de salud mental: no sufras por cosas imaginarias.
JT
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Odiador III
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a Franz
Nadie diría que ese hombre esbelto y con gafas (dentro de lo que cabe, guapo) es tu odiador. Y es quizá porque no imaginamos por némesis a un hombre que juega futbol en alguna playa del sur en compañía de amigos excéntricos. No, generalmente aquel que nos odia (y odiamos) habita las recamaras más oscuras de nuestros pensamientos.
Imaginamos al odiador bajo una lluvia implacable, acabado. Tal vez moribundo por alguna enfermedad infecciosa, en el peor de los casos, cáncer o sida.
El día es soleado y hace un aire agradable. Tu odiador acaba de anotar un tercer gol, el de la victoria. Ha venido Rosario (aquella chica de ojos verdes y buena nalga que te gustaba en la secu) a ver las celebraciones del equipo, pero principalmente y en secreto, la de tu odiador (por quien siente un afecto que la llevó al mar ese domingo sin importar el examen de filología que tendrá mañana). Rosario advierte el sudor en el pecho del innombrable. Advierte su sonrisa llena de boca. Encuadra el momento con el mar y lo tatúa en su memoria. Rosario ha dejado el embrión de su enamoramiento en esa playa. De aquí se desprenderá una historia más interesante que la tuya con el goleador del equipo. Una historia en cuyo principio habrá dos cuerpos jóvenes y desnudos envueltos en la arena.
Imaginamos al odiador bajo una lluvia implacable, acabado. Tal vez moribundo por alguna enfermedad infecciosa, en el peor de los casos, cáncer o sida.
El día es soleado y hace un aire agradable. Tu odiador acaba de anotar un tercer gol, el de la victoria. Ha venido Rosario (aquella chica de ojos verdes y buena nalga que te gustaba en la secu) a ver las celebraciones del equipo, pero principalmente y en secreto, la de tu odiador (por quien siente un afecto que la llevó al mar ese domingo sin importar el examen de filología que tendrá mañana). Rosario advierte el sudor en el pecho del innombrable. Advierte su sonrisa llena de boca. Encuadra el momento con el mar y lo tatúa en su memoria. Rosario ha dejado el embrión de su enamoramiento en esa playa. De aquí se desprenderá una historia más interesante que la tuya con el goleador del equipo. Una historia en cuyo principio habrá dos cuerpos jóvenes y desnudos envueltos en la arena.
Noche de fogata larga. Alguien mira el deslumbramiento insólito del fuego. Dentro, en el ojo de la llama, te imagina habitando la recamara más oscura de sus pensamientos. El mar sombrío golpea cerca.
Instituto
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Todo ha cambiado desde que Walser estuvo aquí. “La dignidad del tedio” es casi imposible. Este lugar, de tan bonito y espacioso, es un palacio. La mayoría de los inquilinos están por decisión propia. Los menos padecen enfermedades mentales agudas. De vez en cuando intercambio palabras con un pintor. Se llama Lupón y dice que escapó de Viena por asuntos relacionados con el gobierno de su país. Sospecho que se trata de algún delirio. Cuando habla del asunto mira en todas las direcciones como buscando agentes secretos.
Bernardo S.
Bernardo S.
Carta circular
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I
Queridos amigos, como saben gané el premio gordo de la lotería. Por lo demás, no me interesa el dinero. Pretendo repartirlo entre ustedes, que han sido un bastión para enfrentar mi constante desasosiego.
La cantidad del premio suma una pequeña fortuna con la que podrían, bien administrada, montar un negocio o hacer el largo viaje que han planeado desde que les conozco. La primera opción, me parece, motivaría que se convirtieran en rehenes de torpes ansiedades. En cambio la segunda, en lo personal, es la idea en la que me gusta situarlos. Largos viajes por países perdidos y ciudades secretas, tal vez en tren, en barco. Me los imagino y no puedo sino gozar con ustedes.
Me quedaré con una parte mínima del premio, sólo lo necesario para cubrir mi interinato en el sanatorio mental de Waldau, sí, el mismo centro de retiro en el que estuvo recluido Walser. Después no sé, esperar el invierno, la nieve.
No podré llevarme sino un puñado de libros. Dejo entonces la pequeña biblioteca, que he ido reuniendo con tanto cariño, para que dispongan de ella. También se quedarán mis colecciones de timbres postales y alas de mariposa. Espero hagan buen uso de lo que para mí fue un verdadero tesoro.
Antes de que todo suceda quiero tomar cerveza con ustedes en el terreno de mi tío en Santa Cabora. Ya saben lo bien que me hace la delgada luz del monte y el olor a hierba. Espero y respondan esta carta o vengan para ultimar detalles. Su amigo sincero.
Bernardo S.
La cantidad del premio suma una pequeña fortuna con la que podrían, bien administrada, montar un negocio o hacer el largo viaje que han planeado desde que les conozco. La primera opción, me parece, motivaría que se convirtieran en rehenes de torpes ansiedades. En cambio la segunda, en lo personal, es la idea en la que me gusta situarlos. Largos viajes por países perdidos y ciudades secretas, tal vez en tren, en barco. Me los imagino y no puedo sino gozar con ustedes.
Me quedaré con una parte mínima del premio, sólo lo necesario para cubrir mi interinato en el sanatorio mental de Waldau, sí, el mismo centro de retiro en el que estuvo recluido Walser. Después no sé, esperar el invierno, la nieve.
No podré llevarme sino un puñado de libros. Dejo entonces la pequeña biblioteca, que he ido reuniendo con tanto cariño, para que dispongan de ella. También se quedarán mis colecciones de timbres postales y alas de mariposa. Espero hagan buen uso de lo que para mí fue un verdadero tesoro.
Antes de que todo suceda quiero tomar cerveza con ustedes en el terreno de mi tío en Santa Cabora. Ya saben lo bien que me hace la delgada luz del monte y el olor a hierba. Espero y respondan esta carta o vengan para ultimar detalles. Su amigo sincero.
Bernardo S.
No lleven odradeks, ya saben el escandalo que arman.
Extraña ciudad
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Érase una vez una ciudad. Sus habitantes eran simples muñecos. Pero hablaban y caminaban, tenían sensibilidad y movimiento y eran muy corteses. No se limitaban a decir «buenos días» o «buenas noches», sino que también lo deseaban, y de todo corazón. Tenía corazón aquella gente. Y eso que era gente de ciudad por los cuatro costados.
Suavemente -y a regañadientes, como quien dice- se habían desprendido de su componente rústico y grosero. Su corte de ropa y su comportamiento eran de lo más refinado que un hombre de mundo o un sastre profesional hayan podido imaginar jamás. Nadie llevaba ropa vieja o raída ni excesivamente holgada. El buen gusto había impregnado a cada uno de los habitantes, no existía eso que llaman plebe, todos eran perfectamente iguales en cuanto a modales y educación, sin ser, no obstante, parecidos, lo que sin duda hubiera sido aburrido.
En la calle sólo se veía, pues, gente bella y elegante, de noble y desenvuelto porte. La libertad era algo que sabían manipular, dirigir, frenar y conservar con sumo refinamiento. De ahí que nunca se produjeran transgresiones relacionadas con la moral pública. Y menos aún ofensas a las buenas costumbres. Las mujeres, sobre todo, eran estupendas. Su vestimenta era tan fascinante como práctica, tan hermosa como seductora, tan decorosa como atractiva. ¡La moralidad seducía! Por la noche, los jóvenes salían de paseo detrás de esa seducción, lentamente, como soñando, sin caer en movimientos presurosos ni ávidos. Las mujeres iban vestidas con una especie de pantalones, unos pantalones de encaje, por lo general blancos o celestes que, por arriba, terminaban en un talle muy ceñido.
Los zapatos eran altos y de color, del cuero más fino. ¡Era una delicia ver cómo los botines se ajustaban a los pies y luego a la pierna, y cómo ésta sentía que algo precioso la ceñía y los hombres sentían que la pierna lo sentía! Llevar pantalones ofrecía la ventaja de que las mujeres ponían su espíritu y lenguaje en su forma de andar, que, oculta bajo la falda, se siente menos juzgada y observada. Todo era, en general, un sentir único. Los negocios iban de maravilla, porque la gente era despierta, activa y honesta.
Los zapatos eran altos y de color, del cuero más fino. ¡Era una delicia ver cómo los botines se ajustaban a los pies y luego a la pierna, y cómo ésta sentía que algo precioso la ceñía y los hombres sentían que la pierna lo sentía! Llevar pantalones ofrecía la ventaja de que las mujeres ponían su espíritu y lenguaje en su forma de andar, que, oculta bajo la falda, se siente menos juzgada y observada. Todo era, en general, un sentir único. Los negocios iban de maravilla, porque la gente era despierta, activa y honesta.
Era honesta por educación y buen tipo. Complicarse unos a otros esa hermosa y fácil existencia no les hacía ninguna gracia. Dinero había suficiente y para todos, pues todos eran tan juiciosos que pensaban antes que nada en lo necesario, y todos facilitaban a todos el acceso al buen dinero. Domingos no había, como tampoco una religión por cuyos dogmas pudieran disputarse. Los lugares de esparcimiento eran las iglesias, en las que se reunían para meditar. El placer era para aquella gente una cosa sagrada, profunda. Que permanecían puros en el placer era algo evidente, pues todos tenían la necesidad de hacerlo.
Poetas no había. Los poetas no hubieran podido decir nada nuevo ni edificante a gente así. También brillaban por su ausencia los artistas profesionales, pues la habilidad para cualquier tipo de arte se hallaba ampliamente difundida. Es bueno que los hombres no tengan necesidad de artistas para ser gente artísticamente despierta y talentosa. Y aquellos lo eran, porque habían aprendido a proteger y utilizar sus sentidos como algo precioso. No necesitaban buscar giros lingüísticos en los diccionarios porque ellos mismos poseían una sensibilidad fina, fluida, alerta y vibrante.
Hablaban bien dondequiera que tuviesen la oportunidad de hacerlo; dominaban el idioma sin saber cómo habían llegado a hacerlo. Los hombres eran bellos. Su comportamiento correspondía con su educación. Muchas eran las cosas que se deleitaban y ocupaban, pero todo guardaba relación con el amor por las mujeres guapas.
Todo quedaba enmarcado en una relación delicada y ensoñadora. Se hablaba y pensaba con gran sensibilidad sobre cualquier cosa. Los asuntos financieros eran abordados con mayor tacto, nobleza y sencillez que hoy en día. No existían las denominadas cosas sublimes. Imaginarse alguna hubiera sido intolerable para aquella gente, sensible a la belleza del mundo existente. Todo cuanto ocurría, ocurría con intensidad. ¿Sí? ¿De veras? ¡Qué tonto soy! No, no hay nada cierto de aquella ciudad y aquella gente. No existen. Son pura y simple invención. ¡Muévete, muchacho!
Y el muchacho salió a pasear y se sentó en el banco de un parque. Era mediodía. El sol birllaba a través de los árboles y salpicaba manchas en el camino, en las caras de los paseantes, en los sombreros de las damas, sobre el césped: era un sol muy travieso. Los gorriones retozaban saltarines, y las niñeras empujaban sus cochecitos. Era como un sueño, como un simple juego, como un cuadro. El muchacho apoyó la cabeza en el codo y se integró en el cuadro. Poco después se levantó y se fue. Calro que esto es asunto suyo. Luego vino la lluvia y difuminó la imagen.
Y el muchacho salió a pasear y se sentó en el banco de un parque. Era mediodía. El sol birllaba a través de los árboles y salpicaba manchas en el camino, en las caras de los paseantes, en los sombreros de las damas, sobre el césped: era un sol muy travieso. Los gorriones retozaban saltarines, y las niñeras empujaban sus cochecitos. Era como un sueño, como un simple juego, como un cuadro. El muchacho apoyó la cabeza en el codo y se integró en el cuadro. Poco después se levantó y se fue. Calro que esto es asunto suyo. Luego vino la lluvia y difuminó la imagen.
Robert Walser
Historias, 1914 (Vida de poeta, traducción de Juan José del Solar, AlfaguaraLiteraturas, 1989)
Obras dolorosas de Duermevela el hablante.
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En la noche duermevela…
Joaquín Sabina.
Magdalena Frías
Las manos solapadas por sus ojos lo llevaron a pensar en sí mismo como dualidad, entonces decubrió su mirada perdida y pasó a ser tres, algo no común pero aun posible dentro de las patologías. Su preocupación más severa era llegar a descubrirse monótono, con miles de seres adentro que convivían pacíficamente y lo relegaban hasta sus vísceras; espectador de su cuerpo amanecía en sus brazos, otras tantas en sus pulmones, y cuando más se asombraba las cadenas neuronales le indicaban las zonas específicas para abrir las piernas.
Yo soy Duermevela, un tiempo meditado --con un método escapista--que ataca los decires. El que pasa entre pueblos y pequeñas niñas le sonríen.
Había una estructura de las necias, una poética líquida que mojaba cada espacio ocupado por él y recubría, con un afán vitalista, la nostalgia inoportuna que suele aferrarse a los cuerpos. De pronto miraba a su madre y ella, lejana, le daba una caricia cuando pasaba a su lado. Así él tenía el firme propósito de crecer y abandonar la noche retrospectiva para romper el cálculo mágico que el dios –su dios- hizo del tiempo.
Yo soy Duermevela, el anónimo sin máscara. Mientras cierras tus ojos la conciencia de mi penetración se vuelve oscura.
Es mayo y Duermevela piensa en el calor, estruja un poco sus ropas, se recuesta en la cama y, acostumbrado a tirarse boca abajo, voltea su cuerpo y decide dormir mirando el techo para así alejar las pequeñas sensaciones de ahogamiento, pero finalmente nada le resulta reconfortante. Piensa en miles de palabras que le provocan imágenes desoladoras, otras son un poco funestas pero creíbles, dentro de toda su maraña imaginativa descubre que hay un vacío. Nadie dice nada, cuando el hombre más rico del mundo logra seguir siéndolo, otros hombres menos factibles se echan a su cama y piensan alguna forma de permanecer un poco desatentos de su cuerpo. Él, construye una cotidianeidad espontánea de la que recibe estragos psicológicos, nada a su alrededor le parece viable para sus sensaciones; marginaciòn, automatismo, pobreza, diligencia laboral, conciencia, felicidad, hambre, felicidad…
Yo soy Duermevela entre puentes de mariposas amarillas miro un río, un caudal que no se detiene, por él desfila un cortejo de realidades no regristradas. Yo soy la caricatura final de la puerta hacia el exterior, enciendo la vela que alumbra el camino de los hombres. Cuando das un beso tibio a tu cuerpo me miro en tu piel y amanezco desnudo en tu seno.
Es marzo, el proceso de gestaciòn filantrópica ha fallado. Él se entrega a la pasión de la racionalidad, a pesar de la conciencia latente de un error, de una falla en el sistema completo de metros cúbicos, en la capacidad del espacio y del buen oficio de cocinero, ha localizado, mínimamente, un tiempo que le permite cerciorarse de la hora exacta para poder descansar.
Echarse a la cama con las manos atadas por innumerables frustraciones ha sido el refugio inusitado, perfecto. Son las seis del lunes, mañana o noche, Duermevela recuerda el día que nació, su madre, sus hermanos, su apetecible pastel de cumpleaños. Un globo de cinco metros estirado hacia el cielo, unos clavos y dos tornillos que el señor carpintero dejó después de instalar la mesa de regalos.
Yo soy Duremevela, antiguo visitante que no tiene espacio, una cura artificial que se receta en tabletas sin necesidad de ir al sofá del consultorio. Mirando detrás de la ranura tus confusiones y culpas después del orgasmo, la eyaculación precoz y el poquito de pecado que te hace vivir, me revelo a mí mismo la vida.
Junio. El día es apacible, todas las ilusiones y desesperanzas son aprovechadas, cada una tiene su justo fundamento vitalicio, algunas se recuerdan en el transcurso del paso cotidiano. Una viejita tira migas a un perro, él sabe que no es necesario indicar el error, se sienta en una banca, se acomoda quedito para evitar el calor que aún es desafiante. Unas manos entrelazadas se alejan y una mirada hacia el frente descubre a los hermanos de Duermevela en convivio social. Desesperado atraviesa la calle, corre sin pensar, dentro le late el corazòn y una llama lo ahoga. Llueve.
Yo soy Duermevela en la encrucijada común y citadina. Tengo vacaciones de por medio y un cuartel general de pecados donde crece un laberinto de humo, donde se desarrollan mis nostalgias venideras. Yo soy Durmevela quien despierta en deseo y te nombra.
Es septiembre y el señor Wlolbof hace oraciones a las seis de la tarde. Una campana repite sus gestos simulando octubre o a un muerto. Hace también poco frío, pero no hay nostalgias cuando el sol se revela desde el ventanal del piso trece, a las seis de la tarde. Con una sonrisa diminuta asomando en los labios, ellos, deciden ponerle de nombre Virginia.
(Nota)
Yo soy Duermevela, un tiempo meditado --con un método escapista--que ataca los decires. El que pasa entre pueblos y pequeñas niñas le sonríen.
Había una estructura de las necias, una poética líquida que mojaba cada espacio ocupado por él y recubría, con un afán vitalista, la nostalgia inoportuna que suele aferrarse a los cuerpos. De pronto miraba a su madre y ella, lejana, le daba una caricia cuando pasaba a su lado. Así él tenía el firme propósito de crecer y abandonar la noche retrospectiva para romper el cálculo mágico que el dios –su dios- hizo del tiempo.
Yo soy Duermevela, el anónimo sin máscara. Mientras cierras tus ojos la conciencia de mi penetración se vuelve oscura.
Es mayo y Duermevela piensa en el calor, estruja un poco sus ropas, se recuesta en la cama y, acostumbrado a tirarse boca abajo, voltea su cuerpo y decide dormir mirando el techo para así alejar las pequeñas sensaciones de ahogamiento, pero finalmente nada le resulta reconfortante. Piensa en miles de palabras que le provocan imágenes desoladoras, otras son un poco funestas pero creíbles, dentro de toda su maraña imaginativa descubre que hay un vacío. Nadie dice nada, cuando el hombre más rico del mundo logra seguir siéndolo, otros hombres menos factibles se echan a su cama y piensan alguna forma de permanecer un poco desatentos de su cuerpo. Él, construye una cotidianeidad espontánea de la que recibe estragos psicológicos, nada a su alrededor le parece viable para sus sensaciones; marginaciòn, automatismo, pobreza, diligencia laboral, conciencia, felicidad, hambre, felicidad…
Yo soy Duermevela entre puentes de mariposas amarillas miro un río, un caudal que no se detiene, por él desfila un cortejo de realidades no regristradas. Yo soy la caricatura final de la puerta hacia el exterior, enciendo la vela que alumbra el camino de los hombres. Cuando das un beso tibio a tu cuerpo me miro en tu piel y amanezco desnudo en tu seno.
Es marzo, el proceso de gestaciòn filantrópica ha fallado. Él se entrega a la pasión de la racionalidad, a pesar de la conciencia latente de un error, de una falla en el sistema completo de metros cúbicos, en la capacidad del espacio y del buen oficio de cocinero, ha localizado, mínimamente, un tiempo que le permite cerciorarse de la hora exacta para poder descansar.
Echarse a la cama con las manos atadas por innumerables frustraciones ha sido el refugio inusitado, perfecto. Son las seis del lunes, mañana o noche, Duermevela recuerda el día que nació, su madre, sus hermanos, su apetecible pastel de cumpleaños. Un globo de cinco metros estirado hacia el cielo, unos clavos y dos tornillos que el señor carpintero dejó después de instalar la mesa de regalos.
Yo soy Duremevela, antiguo visitante que no tiene espacio, una cura artificial que se receta en tabletas sin necesidad de ir al sofá del consultorio. Mirando detrás de la ranura tus confusiones y culpas después del orgasmo, la eyaculación precoz y el poquito de pecado que te hace vivir, me revelo a mí mismo la vida.
Junio. El día es apacible, todas las ilusiones y desesperanzas son aprovechadas, cada una tiene su justo fundamento vitalicio, algunas se recuerdan en el transcurso del paso cotidiano. Una viejita tira migas a un perro, él sabe que no es necesario indicar el error, se sienta en una banca, se acomoda quedito para evitar el calor que aún es desafiante. Unas manos entrelazadas se alejan y una mirada hacia el frente descubre a los hermanos de Duermevela en convivio social. Desesperado atraviesa la calle, corre sin pensar, dentro le late el corazòn y una llama lo ahoga. Llueve.
Yo soy Duermevela en la encrucijada común y citadina. Tengo vacaciones de por medio y un cuartel general de pecados donde crece un laberinto de humo, donde se desarrollan mis nostalgias venideras. Yo soy Durmevela quien despierta en deseo y te nombra.
Es septiembre y el señor Wlolbof hace oraciones a las seis de la tarde. Una campana repite sus gestos simulando octubre o a un muerto. Hace también poco frío, pero no hay nostalgias cuando el sol se revela desde el ventanal del piso trece, a las seis de la tarde. Con una sonrisa diminuta asomando en los labios, ellos, deciden ponerle de nombre Virginia.
(Nota)
Es indudable la capacidad que tienes para hacer frases y que esas frases vengan cargadas de emotividad, misterio y ambientes sepias, nostálgicos. Imagino que un agente secreto escribe esta historia (¿prosa?) triste de Duermevela. Un agente secreto que va dejando pistas para su contacto en Praga o Lisboa, esas ciudades excéntricas que exigen los espías para revelar su anonimato. Siento que yo intento revelar una historia, un significado en este almanaque insomne que se me viene narrando. Por lo demás, creo que es inútil, que hay una opacidad que dispara significados e interpretaciones. Una opacidad que funciona en el mecanismo narrativo pero que deja al torpe lector que soy como un niño obeso al que se le ha escapado el globo de helio que le regaló su madre (disculpa un símil tan tonto) un día de invierno. Me queda la sensación que acabo de leer una historia entre vigilias y días por llegar: esas certezas borrosas enmarcadas por la distancia.
Iván B.
Amanece
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overcast
"nos sumergimos en la música como en el mar y allí podemos perder nuestra identidad en un acto continuado de identificación con lo otro (...) la experiencia musical nos sitúa en esa posibilidad de plenitud de sentimiento donde el yo se desvanece en sonido."
Margarita Schultz
Margarita Schultz
Pasaron la noche dando guitarrazos. Cantaban del infaltable y uno que otro, mal entonado, parecía aullar al alba. La mayoría, ya sabes, cerveza. Estaban también los que bebían jai boles y miraban la lumbre de la fogata como si se tratara de pasadas concesiones: cursilería, rostros antiguos, palabras prohibidas que se iban consumiendo, nunca.
El odiador les escuchaba sintiendo unas ganas de verte mal, jodido, tirado en la esquina de Serdán y Madero. Orinado al lado de sarnosos canes. Soñando mejores tiempos. Soñando el ahora que le has robado. Duermes del lado izquierdo de la cama mientras tu odiador se arranca con una del infaltable. Ni el narrador sabía que tocara tan bien la guitarra el abominable cabroncete. Canta y se olvida de ti. Tú, del lado izquierdo de la cama, comienzas a tener una larga y espesa pesadilla.
El odiador les escuchaba sintiendo unas ganas de verte mal, jodido, tirado en la esquina de Serdán y Madero. Orinado al lado de sarnosos canes. Soñando mejores tiempos. Soñando el ahora que le has robado. Duermes del lado izquierdo de la cama mientras tu odiador se arranca con una del infaltable. Ni el narrador sabía que tocara tan bien la guitarra el abominable cabroncete. Canta y se olvida de ti. Tú, del lado izquierdo de la cama, comienzas a tener una larga y espesa pesadilla.
pelícano mirando el mar
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Desde que todo pasó, ¿pasó realmente algo? Tengo ataques de brutal sueño. No importa la hora. En el trabajo, frente a los chavales, me ataca el sueño. En el otro trabajo, frente al ordenador, me ataca sin remedio el sueño, ese mundo que nadie habita y donde la suspensión parece ser lógica.
Ayer mismo veía la película “Adicción” que me interesaba bastante por la recomendación que Alicia me hizo un día que platicábamos, bueno, ella platicaba, sobre filosofía contemporánea y el pretendido mal. No pasaron dos capítulos del film cuando ya estaba que no podía abrir los ojos.
Si hago un poco de memoria en días anteriores he dormido poco. He desgastado mi cuerpo en vigilia en actividades poco provechosas como largas caminatas por esta ciudad de lumbre. He ido y venido como un enloquecido yoyo por rutas, que por lo demás, no tienen nada del otro mundo. Sólo Cortázar sentía una cotidianidad fantástica y eso porque Cortázar era un lector quijotesco genial, aunque por Cuba su cotidianidad tuvo que enfrentarse al duro muro de la realidad poco fantástica, como la que me acontece, por ejemplo.
El sueño me ha atacado con tal vehemencia que decidí venir al mar. Qué tiene que ver una cosa con la otra, bueno, en el mar siempre me he sentido como dentro de uno de mis más densos sueños, así que decidí atacar las invasiones de las improvistas ganas de dormir con la sensación real de estar soñando que me causa el electrizante movimiento del mar. El resultado: una nariz roja y las bolsas de mis shorts bermudas llenas de arena. Además de una soledad de perro momia.
Desde que pasó aquello ¿alguna vez a pasado algo? Todo me resulta desfavorable, triste. Creo que pronto me iré lejos. Por lo pronto tomaré una siesta bajo una pequeña palma y arrullado por el breve murmullo de la marejada tranquila.
Ayer mismo veía la película “Adicción” que me interesaba bastante por la recomendación que Alicia me hizo un día que platicábamos, bueno, ella platicaba, sobre filosofía contemporánea y el pretendido mal. No pasaron dos capítulos del film cuando ya estaba que no podía abrir los ojos.
Si hago un poco de memoria en días anteriores he dormido poco. He desgastado mi cuerpo en vigilia en actividades poco provechosas como largas caminatas por esta ciudad de lumbre. He ido y venido como un enloquecido yoyo por rutas, que por lo demás, no tienen nada del otro mundo. Sólo Cortázar sentía una cotidianidad fantástica y eso porque Cortázar era un lector quijotesco genial, aunque por Cuba su cotidianidad tuvo que enfrentarse al duro muro de la realidad poco fantástica, como la que me acontece, por ejemplo.
El sueño me ha atacado con tal vehemencia que decidí venir al mar. Qué tiene que ver una cosa con la otra, bueno, en el mar siempre me he sentido como dentro de uno de mis más densos sueños, así que decidí atacar las invasiones de las improvistas ganas de dormir con la sensación real de estar soñando que me causa el electrizante movimiento del mar. El resultado: una nariz roja y las bolsas de mis shorts bermudas llenas de arena. Además de una soledad de perro momia.
Desde que pasó aquello ¿alguna vez a pasado algo? Todo me resulta desfavorable, triste. Creo que pronto me iré lejos. Por lo pronto tomaré una siesta bajo una pequeña palma y arrullado por el breve murmullo de la marejada tranquila.
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